Reseña del libro: “Imperios de las arenas. Roma y Persia frente a frente” de Javier Sánchez y Arturo Sánchez

¡Hola bizantinos! Hoy os traigo la reseña del libro: Imperios de las arenas. Roma y Persia frente a frente de Javier Sánchez y Arturo Sánchez. En él, tenemos una excepcional panorámica de los que fueron los grandes enemigos de griegos y romanos: los sucesivos imperios persas, amen de la brillante trayectoria del gran rey del Ponto, Mitrídates VI. Abarcando el libro desde la conquista del Imperio persa aqueménida por Alejandro Magno, hasta la desastrosa campaña de conquista persa de Juliano el Apóstata en 363. Campaña que acabó con la muerte del último emperador pagano de Roma y el triunfo absoluto del cristianismo, especialmente en el próspero Oriente romano.

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Portada del libro Imperios de las arenas. Roma y Persia frente a frente de Javier Sánchez y Arturo Sánchez

En Imperios de las arenas. Roma y Persia frente a frente, los autores analizan como fueron las sociedades de esos sucesivos imperios, aportándonos una visión especialmente enfocada al ámbito militar; estructura del ejercito, principales campañas, armamento de sus tropas, etc. El primer dato curioso es que el poderío militar de los sucesivos imperios persas se basó en la caballería pesada. Lo cual llama poderosísimamente la atención ya que, en Occidente, las grandes maquinarias bélicas por excelencia, la falange macedónica y la legión romana, estaban totalmente cimentadas en la infantería pesada. Así, estos jinetes pesados, que a lo largo de los siglos fueron llamados clibanarii, savaranes o catafractos, estaban totalmente cubiertos por armaduras, protecciones que se extendían a sus monturas, fiándolo todo en el campo de batalla a una carga de un poder devastador, que arrasara con las líneas enemigas. Estos jinetes, entorpecidos por el excesivo peso de sus armaduras, no podían estar mucho tiempo en el campo de batalla, debido a las altas temperaturas que debían de soportar, atrapados entre tiras de metal, que el inclemente sol de Mesopotamia se encargaba de calentar hasta convertir la armadura en un auténtico horno andante.

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Contraportada del libro Imperios de las arenas. Roma y Persia frente a frente de Javier Sánchez y Arturo Sánchez

El primero de los imperios persas analizado en Imperios de las arenas. Roma y Persia frente a frente es el seléucida, aquél surgido de la descomposición del Imperio de Alejandro Magno a su muerte, sin un heredero claro, en Babilonia en el 323 A. C. De todos los sucesores, o diádocos, de Alejandro, el que, a la postre, se quedaría con el trozo más extenso del pastel sería Seleuco, que lograría consolidar el reino helenístico más extenso, en una imposible y mal avenida mezcla entre griegos y orientales, que continuaba el sueño mundialista del gran conquistador macedónico. El Imperio seléucida, de algo más de doscientos años de duración, logró levantar poderosos ejércitos que le permitieron subsistir en condiciones bastante precarias, pues la élite del Imperio era culturalmente griega, más el resto de la población tenía a los griegos como conquistadores de la sagrada tierra persa, que había visto alzarse y consolidarse un Imperio tan poderoso como fue el persa aqueménida. Tampoco ayudó mucho el hecho de que los distintos reinos helenísticos, que sucedieron al Imperio de Alejandro Magno, estuviesen siempre a la gresca entre ellos. En concreto, en el caso seléucida, fueron numerosas las guerras contra el Egipto tolemaico por controlar la estratégica Siria. Además, los seléucidas, como todos los demás reinos helenísticos, se vieron especialmente golpeados desde dentro, meced a las numerosas guerras civiles que padecieron. Todo esto, unido al hecho de que los seléucidas nunca lograron consolidar un estado centralizado, hizo que, pese a que sus esforzados emperadores fueran auténticos rayos de la guerra, el Imperio acabase repartido entre los romanos y, muy especialmente, los partos.

No obstante, Imperios de las arenas. Roma y Persia frente a frente también abarca la historia de Roma contemporánea al periodo en el que los sucesivos Imperios persas ascienden y colapsan. Así, vemos como ya el Imperio seléucida choca con el expansionismo por Oriente de la República romana. Pese al aura de invencibilidad que tiene la República y el Alto Imperio romano, lo cierto es que salieron escaldados en numerosas ocasiones del combate con tropas persas, llegando en ocasiones a degenerar la batalla en auténtico desastre para las águilas de las legiones. De hecho, dos de las últimas grandes personalidades de la República obtuvieron contundentes derrotas a manos del Imperio parto. La primera de ellas fue el triunviro Marco Licinio Craso, recordemos que el primer triunvirato repartía el poder en Roma entre Cesar, Craso y Pompeyo, en Carras, donde el hombre más rico de Roma encontró su destino, junto con su hijo y la práctica totalidad de su ejercito. Quedándose los partos con los emblemas de las legiones, para vergüenza y escarnio romano. Águilas que fueron devueltas por los partos en época de Augusto, merced a una hábil maniobra política, no militar.

Antes de la restauración de estas águilas, Marco Antonio, miembro esta vez del segundo triunvirato, que repartía el poder en Roma entre el futuro Augusto, Lépido y el propio Marco Antonio, sufrió una derrota aplastante a manos partas en su intento de conquista de Persia que, irónicamente, venía a restañar la herida de Carras en el orgullo romano. Fueron muchos los romanos, tanto republicanos como imperiales, los que pretendieron hacerse con las fabulosas riquezas del Imperio de las arenas, en un claro intento de emular al mito militar por excelencia del Mundo Antiguo, Alejandro III de Macedonia. De esta manera, fueron miles los soldados romanos que encontraron su fin en las feraces y discutidas tierras bañadas por el Tigris, el Éufrates y el Orontes, pues Mesopotamia, junto con Siria, fueron los principales escenarios donde Roma y Persia se enfrentaron a lo largo de los siglos. Pese a esto, el Imperio parto, que se pretendió un poder auténticamente persa frente a la odiada dominación griega de los seléucidas, aunque contó con brillantes éxitos militares frente a Roma, no pudo consolidar un estado centralizado y fuerte, experimentando una larga decadencia, de la que saldría vencedora una nueva dinastía persa, la sasánida.

Fue el Imperio sasánida, esta vez sí, el poder autóctono que más cerca estuvo de restaurar la gloria y, muy especialmente, las fronteras del aqueménida. Imperio del que se pretendieron continuadores, logrando, a diferencia de los partos, consolidar un Estado fuertemente centralizado que, andando los siglos, sería el gran rival de Roma como Imperio unificado y, posteriormente, de Constantinopla, capital del Oriente romano. Con el ascenso de los sasánidas al trono de Persia, por primera desde la caída de Cartago, Roma tenía un rival a su altura. Un Imperio capaz de contar con los recursos económicos suficientes como para levantar un ejercito profesional, que le discutiera al poder romano su dominio sobre Mesopotamia, Asia Menor, Egipto y Siria. O, lo que es lo mismo, la parte más rica de todo el Imperio de los romanos. Los sasánidas cimentaron su poder en una política expansionista, que pretendía la recuperación de territorios que habían pertenecido al Imperio aqueménida; y en el favorecimiento del culto tradicional persa, el zoroastrismo. Al que erigieron como religión oficial del Imperio, a semejanza de lo que harían los romanos durante el Imperio cristiano, para favorecer el aglutinamiento de los distintos pueblos que conformaban el Estado persa en una misma fe. Pese a estos esfuerzos, el propio cristianismo arraigó con extraordinaria fuerza en suelo persa, especialmente en su herejía nestoriana.

Imperios de las arenas. Roma y Persia frente a frente está editado por HRM ediciones en 2017. Estamos ante una agradable y escueta edición, que cuenta con tapa blanda con solapas, un papel de adecuada calidad y gramaje, y un total de 375 páginas. El texto viene acompañado por numerosas reproducciones en blanco y negro de estatuaria, numismática, fotos, obras de arte y mapas. También destaca por poseer un cuadernillo central a todo color con mapas. Puede ser encontrada en librerías por un precio de 24.95€.

Los autores de Imperios de las arenas. Roma y Persia frente a frente son Javier Sánchez, doctor en Ciencias de la Antigüedad y licenciado en Filología Clásica, y Arturo Sanchez, historiador y arqueólogo.

A modo de conclusión, tengo que decir que Imperios de las arenas. Roma y Persia frente a frente me ha gustado mucho, pues nos acerca al que fuera el enemigo por antonomasia del Mundo Antiguo, los persas. La imagen que nos ha llegado de ellos no es la más benévola, especialmente si tenemos en cuenta que los persas lograron levantar Imperios de fabulosa riqueza, que gozaron de una gran longevidad. Lamentablemente para ellos, encarnaron el papel de enemigo tradicional del mundo greco-romano, siendo, además, conquistados definitivamente en los primeros impases de la expansión musulmana, viéndose casi extinguida su religión tradicional, el zoroastrismo, y siendo escasos los restos arqueológicos que hemos heredado de ese periodo. Es curioso que nosotros, los occidentales, herederos de la cosmovisión romana, creamos erróneamente que el gran enemigo de Roma fueron los diferentes pueblos germánicos que colapsaron Occidente en el 476. Por el contrario, el verdadero Imperio rival de Roma fue el persa, especialmente el sasánida, pues, durante siglos, en el inconsciente colectivo de las legiones, la muerte tuvo forma de jinete pesado persa cargando al galope. Pese a que Imperios de las arenas. Roma y Persia frente a frente se detiene en el 363, con la derrota de Juliano el Apóstata, no hay que olvidar que la Roma del Oriente, Constantinopla, derrotó de manera definitiva a la Persia sasánida en el reinado de Heraclio, dejando el reino sasánida tan destrozado que, escasos años después, sería totalmente conquistado por los árabes musulmanes en el 651, cuando el último de los Shahanshah, los Reyes de reyes persas, Yazdgerd III, moriría asesinado.

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