Reseña del libro: “La vida cotidiana en el antiguo Egipto” de José Miguel Parra

¡Hola bizantinos! Hoy os traigo la reseña del libro: La vida cotidiana en el antiguo Egipto de José Miguel Parra, en él hacemos un repaso a la varias veces milenaria cultura egipcia a través de personas pertenecientes a todos los estratos sociales.

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Portada del libro: La vida cotidiana en el antiguo Egipto de José Miguel Parra

Lo primero que llama la atención del antiguo Egipto es la relación tan especial que tuvo con el río que lo atravesaba, aportándole un flujo anual e incesante de riquezas fabulosas. Era el río Nilo el que, con sus ciclos de crecida, marcaba para bien o para mal los tiempos en el Egipto faraónico. En el caso de la esperada crecida, si esta se había desarrollado de manera óptima, permitía regar tierras sedientas, y nutrirlas con el maravilloso limo que arrastraban las aguas. Limo que era el encargado de actuar como eficaz fertilizante, siendo la agricultura egipcia la envidia del resto de culturas en el Mundo Antiguo, desbancando hasta a las feraces tierras de cultivo de la propia Mesopotamia. Era el Nilo el que propiciaba que Egipto fuera el territorio más fértil y, por ende, más rico de toda la cuenca mediterránea. No obstante, las inundaciones del Nilo no estaban exentas de peligro, pues una inundación escasa era sinónimo de malas cosechas, hambre, enfermedad y disturbios civiles. También era peligroso que la inundación fuera excesivamente copiosa, ya que podía dar lugar a que se inundaran no sólo las tierras de cultivo, sino también los poblados de los egipcios, causando muertos por ahogamiento y grandes pérdidas materiales. Además, el sempiterno contacto con aguas estancadas, hacía que los antiguos egipcios padecieran esquistosomiasis, enfermedad cuya principal manifestación era la aparición de sangre en la orina, que venía acompañada de anemia, lasitud, bajas defensas, etc.

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Contraportada del libro: La vida cotidiana en el antiguo Egipto de José Miguel Parra

Lo que hoy día entendemos por Egipto faraónico fue una civilización varias veces milenaria, que tomó forma como imperio en múltiples ocasiones, experimentando unas fases de gran auge expansivo y cohesión territorial, y otras de disgregación creciente del poder unificado, llegando en varias ocasiones hasta su total desaparición, etapas conocidas como períodos intermedios. En estos periodos intermedios, la autoridad central del faraón era discutida por poderes locales, los nomarcas, que llegaban a acaparar tanto poder como para desafiar la lejana autoridad central, especialmente cuando ésta estaba decadente. También hubo épocas en las que el poder del clero de Amón fue tan intenso que constituyó un estado paralelo dentro del mismo Imperio egipcio. Imperio que, merced a su dilatada existencia, conformó una sociedad bastante conservadora que, no obstante, era muy receptiva a los extranjeros, especialmente los que desarrollaban carreras exitosas dentro de las fronteras egipcias, rasgo típico de todos los Imperios. En el Egipto antiguo todo estaba bajo la influencia de la ley cósmica, la Maat, encargada de hacer del valle del Nilo un remanso de orden y prosperidad, en marcado contraste con el caos y la violencia que reinaban allende las fronteras faraónicas. Pese a ser una sociedad conservadora, es francamente llamativo que conozcamos casos de notorio éxito social en personas aquejadas por alguna discapacidad. Hecho que se aprecia en la cantidad de enanos que encontramos ejerciendo destacados puestos en la corte en paridad con personas “normales”. Lo cual destaca mucho por comparación con prácticas de otras culturas del Mundo Antiguo coetáneas a la faraónica, tales como la eugenesia de los espartanos, o la aperreada vida que tuvo que pasar Claudio hasta convertirse en el cuarto emperador de Roma.

Otro destacado rasgo social propio del antiguo Egipto es el de la libertad que tuvo la mujer, pues gozaba de una libertad casi sin parangón en cualquier otra sociedad de su entorno geográfico e histórico. De hecho, algunas mujeres fueron poderosísimas, ejerciendo una marcada influencia en las decisiones de gobierno del país de Las Dos Tierras. Así, féminas como Nefertiti, gran esposa real de Akhenatón, Nefertari, gran esposa real de Ramsés II, Tiy, gran esposa real de Amenhotep III y madre de Akhenatón, etc; gozaron de una extraordinaria carrera, siendo su influencia sentida dentro y fuera de Egipto. De hecho, hubo reinas que llegaron a ceñir el cetro y el látigo, los emblemas de la monarquía egipcia, en solitario. Posiblemente, las más famosas, aunque no las únicas, sean Hatshepsut y la celebérrima Cleopatra VII, último faraón que rigió los destinos de un Egipto teóricamente independiente del poder romano.

Aunque si por algo destaca la cultura faraónica, es por la omnipresencia de la religión en todas las facetas de la vida. Para los antiguos egipcios la figura del faraón era sagrada, ya que era el único habilitado como intermediario entre los cientos de divinidades y el pueblo egipcio. Por eso, dado que Egipto estaba lleno de templos, que requerían complejos rituales diarios, y que el país sólo contaba con un rey, los sacerdotes eran meros representantes del faraón ante los dioses. Actuaban los grandes recintos de culto como agentes económicos productivos de primera magnitud, pues para su mantenimiento el faraón les dotaba de feraces tierras, que rendían optimas cosechas. Como ya hemos mencionado antes, hubo periodos en los que el culto de determinados dioses alcanzó tal poder que los faraones, en una jugada lógica, intentaron contener su influencia favoreciendo a un dios rival. Señalando José Miguel Parra que, durante toda la dinastía XXI, el clero de Amón actuó, en el Alto Egipto, como un poder independiente de la decadente autoridad central faraónica del momento.

En La vida cotidiana en el antiguo Egipto percibimos la realidad a través de los ojos de los distintos estamentos sociales, desde los más beneficiados, con el faraón, el visir y las intrigantes damas de la corte a la cabeza; hasta la base de la pirámide social egipcia, conformada por el esclavo o el ladrón de tumbas. Esto nos aporta una ancha panorámica de las peculiaridades sociales, económicas, políticas y, muy especialmente, religiosas de la civilización faraónica. Aunque, ya por último, si hay una peculiaridad inherente al antiguo Egipto, esa sin duda es la grandiosidad, cercana a la megalomanía, de los monumentos que nos han legado. En efecto, cada vez que un faraón subía al trono de Las Dos Tierras, se producía una carrera contrarreloj para construir su templo funerario antes de su paso a la otra vida. Estos templos funerarios cambiaron de morfología a lo largo de los siglos, abarcando desde las majestuosas y reconocibles pirámides, hasta los hipogeos del Imperio nuevo en el Valle de los Reyes, de los cuales el más famoso es el del faraón niño Tutankamón, personaje que reinó un corto número de años durante un periodo particularmente convulso, y que debe su fama al hecho de ser la única tumba regia que se ha hallado relativamente intacta desde la Antigüedad. Esta pulsión egipcia por construirse una tumba no era exclusiva de los gobernantes, pues toda la sociedad procuraba enterrarse en una tumba acorde a sus posibilidades económicas. Y es que, pese a ser una sociedad famosa por su riqueza, la vida en el antiguo Egipto era corta, dura y en extremo laboriosa. Procurando los egipcios, en los pocos años que sabían que pasarían en el mundo de los vivos, afanarse en conseguir ahorrar lo suficiente para poder pagar una momificación que preservase su cuerpo para siempre, excavar y adornar adecuadamente su tumba, y, especialmente, hacerse con un ajuar funerario que los acompañara en la otra vida, acaso menos ingrata que la terrenal.

La vida cotidiana en el antiguo Egipto está editado originalmente por la editorial La esfera de los libros en 2015, siendo la edición que poseo del Círculo de Lectores de 2016. Estamos ante una agradable edición con tapa dura con sobrecubiertas, de buen papel y aceptable gramaje, y que cuenta con un total de 459 páginas. Lo que más llama la atención de la edición es el hecho de contar, amen de con una buena portada, con dibujos, reproducciones y fotos de obras de arte, frescos, relieves, momias, etc. Estas reproducciones son en blanco y negro, estando generosamente repartidas por todo el texto. También cuenta con un cuadernillo central de fotos, esta vez a todo color. Para todos aquellos que deseen abundar en el tema, cada capítulo está acompañado de una prolífica bibliografía. Puede ser encontrado en librerías por 24,95€

Su autor es José Miguel Parra, doctor en Historia Antigua por la Universidad Complutense de Madrid, su tesis trató el tema de las pirámides egipcias. Fue miembro del proyecto Djehuty, además ha excavado en la tumba de Hery. Es autor de obras como: La vida amorosa en el antiguo Egipto, Momias. La derrota de la muerte antiguo Egipto y La historia empieza en Egipto.

A modo de conclusión tengo que decir que el libro La vida cotidiana en el antiguo Egipto de José Miguel Parra me ha gustado mucho, pues nos presenta una imagen muy alejada de los mitos y leyendas que, desde el siglo XIX, han envuelto todo lo relacionado con la cultura faraónica. En La vida cotidiana en el antiguo Egipto no encontrará el lector mas que la cruda realidad: Egipto fue una sociedad de hormiguitas muy trabajadoras, de una longevidad entorno a los treinta y cinco años que, merced a un tipo de impuesto que se pagaba al faraón en forma de trabajo en la obra pública, la azofra, que aprovechaba los tiempos muertos que imponía el ciclo de crecidas del rio Nilo, consiguieron levantar edificaciones que aún hoy día, muchos milenios después, nos impactan hasta tal punto, que espolean nuestra imaginación más allá de lo razonable. Por todo ello, recomiendo encarecidamente su lectura.

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