Reseña del libro: “La madre del cordero” de Juan Eslava Galán

¡Hola bizantinos! Hoy os traigo la reseña del libro: La madre del cordero de nuestro escritor católico de referencia, el jienense Juan Eslava Galán. En él nos sumergiremos en los dos milenios de historia de la Iglesia católica y, especialmente, en el significado, hoy día perdido, de los elementos arquitectónicos de las iglesias.

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Portada de La madre del cordero de Juan Eslava Galán

Efectivamente, el propósito de La madre del cordero no es otro que el de redescubrir en nuestros modernos y descreídos tiempos qué significan cada uno de los elementos que conforman una iglesia. No hay que olvidar el hecho de que las iglesias fueron diseñadas en un tiempo en que la practica totalidad de la población era analfabeta y, por esto mismo, eran concebidas como si de un libro en piedra se tratasen. Libro en piedra en el que las personas deberían ser capaces de leer y entender adecuadamente el correcto significado de pinturas, elementos arquitectónicos, esculturas, estatuas y demás elementos de ornato de los templos cristianos. Y es que, con el avance imparable de la modernidad, estos símbolos que, generaciones atrás, eran universalmente conocidos, hoy día han quedado mudos ya que, al estudiarse cada vez menos Historia Sagrada, su conocimiento ha ido desvaneciéndose en las últimas décadas. Todo esto explica, denuncia el pío Eslava Galán, que entremos en las iglesias sin tener ni idea de qué significan la ingente cantidad de símbolos que tenemos delante de nuestros ojos, siendo incapaces de comprender cuál es el significado de la forma del templo, las vidrieras, cuál es el símbolo que diferencia a un santo de otro, si son las advocaciones de la Virgen representaciones del mismo ser, etc.

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Contraportada de La madre del cordero de Juan Eslava Galán

En La madre del cordero Juan Eslava Galán nos hace un repaso histórico de las diferentes etapas por las que ha pasado el cristianismo, desde sus primeros tiempos de religión prohibida en el Imperio romano, a la gran tribulación por la que tuvo que pasar la Iglesia católica durante la Reforma, o a los tiempos actuales en el que un Occidente descreído ha renunciado a la sabia guía moral del Santo Padre. Por sus páginas y a través de sus ilustrativas fotografías desfilan los principales elementos característicos de los diferentes órdenes arquitectónicos, desde el austero románico hasta el horrendo modernismo del siglo XX y XXI. La etapa inaugural de la gloria de la Iglesia católica tuvo lugar en el último tramo de vida del Imperio romano unificado, cuando los primitivos cristianos, que acababan de empezar a ser considerados como una religión permitida merced al Edicto de Milán de Constantino, entran de lleno en la vida pública romana de manera oficial. A esas alturas, poco queda ya de la primitiva secta judía que comenzó siendo el cristianismo pues su influencia del mundo pagano greco-romano es más que evidente. Destaca Eslava Galán el sorprendente hecho de encontrarnos ante una religión, el cristianismo, de raíz monoteísta por su núcleo duro mosaico pero muy influenciada con el ambiente politeísta del Imperio, el de Roma, en el que vio la luz. Este matiz politeísta se aprecia con claridad en la misma figura de Dios, pues la divinidad cristiana está formada por tres Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Por lo tanto, Dios es a la vez Uno y Trino.

Otros dos grandes rasgos en los que se aprecia el politeísmo heredado del Mundo Antiguo se ven en las múltiples advocaciones de la Virgen y en la enorme y siempre creciente cantidad de santos que atesoran los altares católicos. El que una religión, que se tiene por monoteísta, tolere el culto a esas divinidades menores que son los santos se debe al hecho de ser la sociedad romana fervientemente politeísta y a tener una cantidad infinita de pequeños dioses, que auxiliaban en tareas menores a Júpiter Optimo Máximo. De hecho, son legión los dioses que ayudaban al buen transcurrir de la sociedad romana. Así, Cloacina era la diosa encargada de las cloacas, Pomona estaba a cargo de proteger los frutos y Terminus gestionaba el negociado de los lindes y las fronteras. Expone Juan Eslava Galán que los santos de la Iglesia católica vienen a suplir esa necesidad de tener una gran cantidad de divinidades menores para las diferentes peripecias del transcurrir humano: casamientos, nacimientos, enfermedades, recogida de cosechas, etc. Como la proliferación del culto de los santos no dejaba de chocar a aquellos feligreses más puristas con el monoteísmo, cuenta Juan Eslava Galán que la Iglesia católica, tras no pocos quebraderos de cabeza doctrinales, consiguió soslayar tan espinoso tema acuñando diferentes conceptos de culto. Así, la latría era el culto reservado exclusivamente a Dios y a las demás divinas Personas de la Santísima Trinidad (Jesús y el Espíritu Santo). La dulía era el culto reservado a los santos y la hiperdulía, el reservado a la Virgen. No obstante, desde los primeros siglos de vida del cristianismo fueron numerosas las iglesias que se desgajaron de la Iglesia de Roma por las diferentes interpretaciones de la Santísima Trinidad y de la naturaleza del Hijo (nestorianos, monofisitas coptos, etc).

Otras etapas de acelerada formación de nuevos santos fueron aquellas en que la Iglesia se topó con otra religión, surgiendo del choque numerosos muertos, conocidos como mártires. Los mártires solían tener una vida ejemplar, eran ajusticiados a causa del ministerio de su fe de manera bastante espectacular, pues se incluían tenazas que arrancaban los miembros, calderos hirviendo en los que se cocían los cuerpos, ruedas guarnecidas de cuchillos, leones en el circo, etc. Generalmente estos métodos de tortura y muerte que los desilusionados paganos y musulmanes aplicaban contra los mártires no solían tener efecto, y estos usualmente acababan su vida e ingresaban en los altares decapitados. También solían ser representados con una serie de atavíos y elementos diferenciadores para que los fieles los reconocieran en estatuas, frescos y vidrieras, ejemplos de los cuales introduce Eslava Galán bastantes para edificación y conocimiento del lector de La madre del cordero. Otro momento histórico en que la creación de santos fue fecunda fue en la época de la Contrarreforma, cuando la Iglesia católica pierde una parte muy substancial de su rebaño en Europa, lo cual compensó con creces merced a su apostolado en las nuevas tierras que se sumaban a los Imperios portugués y español. Estos santos contrarreformistas venían a combatir a los nuevos profetas (Lutero, Calvino, etc) y a las nuevas religiones (protestantes, anglicanos, calvinistas, etc) que surgieron para desestabilizar la influencia española en Europa.

La madre del cordero está editado por Editorial Planeta, siendo su primera edición, la reseñada, de abril de 2016. Cuenta con tapa dura con sobrecubiertas y un total de trescientas noventa y un páginas. Destaca muy especialmente un generoso apartado gráfico, como siempre que estamos ante una obra de divulgación de Juan Eslava Galán, en el que cientos de reproducciones a color de obras de arte, estatuas, templos, frescos, pinturas, fotografías, etc, nos deleitan la vista y nos ayudan a visualizar lo que estamos leyendo. Mención especial merecen las numerosas notas a pié de página por lo ilustrativas que resultan. En definitiva, una gran edición que goza de un papel de buena calidad y gramaje y de un excelente comportamiento en mano debido a su escueto formato y escaso peso. Tiene un precio de 21 €.

Su autor es Juan Eslava Galán, escritor prolífico por antonomasia, que ha gozado de una brillante trayectoria de premios entre los que destaca el Planeta, el Ateneo de Sevilla y el Primavera 2015. Se doctoró en letras en la Universidad de Granada con una tesis sobre la poliorcética en el Reino de Jaén, siendo catedrático de Instituto hasta su jubilación. Su carrera literaria cuenta con una curiosidad ya que escribió bajo pseudónimo varias novelas de ambientación templaria con el nombre de Nicholas Wilcox. Suele escribir novelas o ensayos, de entre su producción destaco: Homo Erectus, En busca del unicornio, El catolicismo explicado a las ovejas, El mercenario de Granada, La década que nos dejó sin aliento, Historia del mundo contada para escépticos, Una historia de la Guerra Civil que no va a gustar a nadie e Historia de España contada para escépticos. No es la primera vez que obras suyas aparecen en el blog pues Lujuria, Avaricia y Viaje por el Guadalquivir y su historia fueron reseñadas en su momento.

Me ha gustado mucho La madre del cordero ya que, amen de ayudarnos a refrescar esos conocimientos sacros que la sociedad moderna se ha encargado de enterrar en toneladas de información basura, tiene dos lecturas. Por un lado, está la lectura aparente en el que el devoto Eslava Galán nos catequiza en los arcanos de la Fe; y, por otro lado, aquellos lectores capaces de ver más allá podrán alcanzar otro tipo de conocimiento. Este es un libro útil, escrito con mucho sentido del humor y una ironía perfecta que nos lleva a hacer un tour por los diferentes elementos históricos, arquitectónicos y ornamentales que conforman los abundantes templos de nuestros pueblos y ciudades. Por todo ello, recomiendo su lectura.

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