Reseña del libro: “Materia de Historia” de Nicéforo Brienio

¡Hola bizantinos! Hoy os traigo la reseña del libro: “Materia de Historia” de Nicéforo Brienio, en el que una vez más nos trasladamos al Oriente cristiano justamente después de su época de apogeo medieval. Nicéforo Brienio narra la juventud de su suegro, Alejo I El Grande, y la de su propio abuelo homónimo, presentando a ambos como a héroes míticos.

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Portada de Materia de Historia de Nicéforo Brienio

Efectivamente la narración abarca desde el 1070, en el que reina Romano IV Diógenes hasta la juventud de Alejo Comneno, antes de su subida al trono. En aquellos años el Imperio romano del Oriente ha entrado en un proceso de descomposición prácticamente irreversible pues, desde la muerte de Basilio II en 1025, Constantinopla entra en barrena hasta que Alejo I consigue revertir la disolución imperial. En esos años se hunden todas las fronteras y, así, los pechenegos avanzan en los Balcanes, los selyúcidas en Asia Menor y los normandos arrebatan la escasa porción de Italia que aún atesoran los basileos. Por el contrario, en el reciente reinado de Basilio II el Imperio alcanza su cenit medieval y vuelve a consolidar territorios que hacía siglos que los romanos no controlaban. Basilio II, llamado el Bulgaróctono (el asesino de búlgaros), consigue destruir el peligroso reino vecino de los búlgaros y anexionarlo al Imperio, llevando la frontera del Norte hasta el Danubio. Pero no es solamente en los Balcanes donde el Imperio se ha expandido, los reinos de Georgia y Armenia se convierten en protectorados, se consiguen mantener las lejanas posesiones italianas e, incluso, los ejércitos bizantinos regresan a Mesopotamia, de la que fueron expulsados por los árabes en el siglo VII.

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Contraportada de Materia de Historia de Nicéforo Brienio

A la muerte de Basilio II (1025) el Imperio no ha sido tan grande y poderoso desde la época, tan gloriosa como olvidada, de Heraclio (610/641); siendo esta una característica bizantina: pasar por terribles crisis que hacen temer la disolución para luego repuntar y volver a ser un Imperio poderoso. No obstante, las discordias civiles se encargan de volver a poner a Constantinopla contra las cuerdas pues se establece una feroz pugna entre los funcionarios civiles y la aristocracia militar, cuya consecuencia es hundir al ejercito primero en la pobreza, después en la anarquía y, por último, hará que Bizancio tenga que depender cada vez más de ejércitos mercenarios. En estos oscuros años de la segunda mitad del siglo XI toda la bonanza económica que logró reunir la dinastía macedónica desaparece, llegándose incluso a tener que devaluar el valor del Hiperpirón, prestigiosa moneda de oro que no había visto su valor mermado en largos siglos. Hay dos clases de emperadores en este período: por un lado están aquellos representantes de la aristocracia civil que cercenan el poder a los levantiscos militares y, por otro, representantes de la aristocracia militar que tratan de imponer orden favoreciendo al ejercito mientras se retrocede en todas las fronteras.

De hecho, un tío de Alejo, Isaac Comneno (1057/1059), accede brevemente a la purpura pero se choca de frente con la autoridad del patriarca, Miguel Cerulario, y debe de abandonar prematuramente el trono. Es en este siglo XI en el que se siembran los futuros desastres que asolaran el Imperio en los siglos venideros: por un lado se produce el cisma con la Iglesia occidental en 1054. Por este cisma, aún vigente casi mil años después, ambas partes de la cristiandad, la dominada por Roma y la dominada por Constantinopla, empiezan por competir por saber cuál es la autentica sucesora de la autoridad de Cristo. La Iglesia romana se denomina católica, en griego universal, mientras que la de Constantinopla se denomina ortodoxa, la de creencias rectas. Esto, sumado al creciente interés de los occidentales en la aún prospera Europa oriental, traerá trágicas consecuencias para Constantinopla, que se materializarán en 1204 cuando los cruzados tomen al asalto la capital del Imperio y se repartan sus provincias.

Como ya hemos adelantado, los cristianos occidentales, provenientes de los reinos barbaros que sucedieron al Imperio romano del Occidente, empiezan a interesarse cada vez más por ese fabuloso Oriente, dominado por la ciudad más espectacular y rica de todo el continente: Constantinopla. Es curioso observar cómo es en esta época en el que el equilibrio de poder empieza tras muchos siglos a cambiar, pues el Occidente cristiano comienza a dejar atrás las miserias del medievo, justamente cuando el Oriente empieza a entrar en ellas. También esta es la época en la que los terratenientes bizantinos empiezan a acaparar cada vez más tierras en detrimento del sistema de themas, vigente desde Heraclio. Este sistema de themas había servido largos siglos con óptimos resultados para el Imperio. En él los soldados eran a la vez campesinos y labraban las tierras del Estado a cambio de incardinarse en unidades militares cuando así lo requiriese el Imperio. Cuando ya apenas quedaron tierras para esos soldados/campesinos el sistema thematico llegó a su fin. Bizancio ya no pudo pagar un ejercito propio y, desde ese momento, tuvo que llamar en su ayuda a ejércitos mercenarios lo cual, generalmente, desembocó en un desastre, como el célebre de los almogávares y la famosa venganza catalana.

También en el siglo XI se planta otra semilla que alumbrará un árbol de frutos fatales para el Imperio en siglos venideros, pues se deja el comercio en manos extranjeras. Son numerosos los basileos que, a cambio de exenciones fiscales en el comercio, usan la flota de Venecia para auxiliarse en sus operaciones militares. Esto traerá como consecuencia la pérdida de la hegemonía comercial mediterránea de Constantinopla y la consecuente ruina y empobrecimiento de su comercio, lo que traerá aparejado un lógico debilitamiento militar. Un año tan siniestro como clave para escenificar esta imparable decadencia es el de 1071, en el que se pierde el último enclave de la península italiana y en el que acaece el desastre de Manzikert. En esta batalla el sultán turco Alp-Arslán vence al ejercito superior en número de Romano IV Diógenes, consiguiendo expulsar a los bizantinos de la mas rica de sus provincias, la que más y mejores soldados le ha aportado a lo largo de los siglos, Asia Menor. Estos turcos selyúcidas eran un pueblo asiático, del que se cree que estaba emparentado con los hunos, que entra en contacto con reinos musulmanes, adoptando el islam como religión. Sustituyeron a los árabes como campeones del islam contra los cristianos y lograron lo que no pudieron conseguir aquellos: amputarle a Constantinopla Asia Menor. Como se puede apreciar, cuando Alejo I llegó al trono de Constantinopla el Imperio se encontraba in extremis. Alejo era un representante de la aristocracia provincial militar que logra dar un brusco giro en el timón de los acontecimientos. Cimenta la acción de su gobierno en rodearse de miembros de su familia, fortalecer la economía, reorganizar la administración del Imperio, pararle los pies a todos los invasores y, muy especialmente, convencer a los enemigos del Imperio de que éste aún no había muerto.

Materia de Historia está editado por el Centro de Estudios Bizantinos, Neogriegos y Chipiotras de Granada en su colección Biblioteca de textos Bizantinos. Cuenta con tapa blanda con sobrecubiertas y un total de trescientas treinta y dos páginas. Su papel es de buena calidad y aceptable gramaje. Estamos ante una edición sobria y elegante que destaca por tener un completo estudio preliminar, muy necesario en este tipo de obras, comentarios al texto, bibliografía, cuadros genealógicos, índice de nombres y lugares, índice de materias, etc. Pero por lo que más destaca es por ser una edición bilingüe en la que las páginas pares recogen el original en griego y las impares la traducción al español. Goza de un excelente comportamiento en mano por su escaso peso (643 gramos) y tiene un precio de 26 €.

El autor de Materia de Historia, Nicéforo Brienio, fue un vástago de una poderosa familia bizantina, nacido en Adrianópolis en 1080 y muerto en Constantinopla en 1137. Se cree que fue el nieto de un pretendiente homónimo al trono que, irónicamente, fue vencido y apresado por el propio Alejo, aunque algunos autores defienden que, en realidad, se trató de su hijo. Su obra es de gran importancia por su elevada posición en la corte ya que se casó con Ana Comnena, hija del emperador Alejo I. Gozó Nicéforo de una educación de excelente calidad, la propia de las clases altas del período, en la que destacaba el oficio de las armas. Cuentan de él que era tan hábil y elocuente que su propia suegra, la emperatriz Irene Ducas, junto con su ambiciosa hija llegó a conspirar por su ascenso a la purpura contra el legítimo heredero designado, su hijo Juan Comneno. Desempeñó Nicéforo Brienio puestos de gran relevancia en el Imperio, estando a cargo de las murallas de la capital cuando éstas son asediadas por los cruzados de Godofredo de Bouillon. También se encontraba junto a su emperador y suegro cuando Alejo se enfrentó a las huestes del normando Bohemundo, hijo del célebre rayo de la guerra, Roberto Guiscardo. Nicéforo Brienio fue elevado a la dignidad de cesar y redactó su Materia de Historia por encargo de la mismísima emperatriz, que quería una crónica de la vida de su imperial esposo. Por desgracia, su repentina muerte hizo que su narración tan sólo llegara a la juventud de Alejo. Fue Ana Comnena, su mujer, la que a la postre se encargó de narrar las hazañas de su padre.

Me ha gustado mucho Materia de Historia y recomiendo su lectura pues representa una fuente excepcional para trasladarnos a un período histórico muy interesante y desconocido: aquél en el que el Occidente europeo comenzó a atisbar más allá de sus fronteras tras los largos siglos de irrelevancia a todos los niveles altomedievales. También es en esta época en la que el brillante Bizancio, que paró la expansión islámica durante siglos posibilitando la supervivencia de Europa, comienza una larga decadencia que llevará inexorablemente a su definitiva desaparición en el aciago 1453. A partir de del siglo XI, una Constantinopla cada vez más pobre, cercada de enemigos cristianos y musulmanes, defenderá con ardor cada palmo de terreno de su menguante territorio hasta su muerte.

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