Reseña del libro: Falcó de Arturo Pérez-Reverte

¡Hola bizantinos! Hoy os traigo la última novela de Arturo Pérez-Reverte, Falcó, en la que nos trasladamos a los crudelísimos primeros impases del último de nuestros conflictos patrios hasta la fecha.

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Portada de Falcó de Arturo Pérez-Reverte

Efectivamente, en Falcó Pérez-Reverte nos sumerge en los inicios de la Guerra Civil de 1936 hasta 1939, justamente cuando empieza a ser obvio que el golpe militar se ha quedado a medias. Para un bando ha fracasado pues no ha sido capaz de derribar a la II República y, para el otro, también ha representado un fracaso pues la República no ha sido capaz de abortar el golpe y acabar con los rebeldes. En Falcó visitamos las dos Españas, la republicana y la nacional, y somos testigos de cómo en ambos bandos las autoridades intentan hacer creer a las masas que el conflicto será breve y que ellos se alzaran con la victoria. Aunque los personajes más lúcidos de la novela presientan una guerra larga y sangrienta de victoria incierta, pues ambas facciones han llamado en su auxilio a sus correligionarios de otros países. De esta manera, la República cuenta con asesores militares, hombres y recursos provenientes de la Rusia comunista, amén de simpatizantes antifascistas de medio mundo (las Brigadas Internacionales); y los franquistas cuentan con la ayuda italiana y de la Alemania nazi. Recordemos que nuestra Guerra Civil fue la antesala de la Segunda Guerra Mundial y, de hecho, sirvió de campo de entrenamiento para las nuevas armas que, escasos meses después de acabado nuestro conflicto, arrasarían el continente europeo y gran parte de Asia, África y el Pacífico. Un ejemplo de esto sería el de la puesta a punto de la Luftwaffe, la Fuerza Aérea de la Alemania nazi, cuyo desmedido poder destructivo sería ensayado en bombardeos célebres como el de Guernica.

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Contraportada de Falcó de Arturo Pérez-Reverte

Resulta aleccionador que soldados de medio mundo pudieran matar, violar y saquear impunemente a españoles de ambos bandos con la bendición de las autoridades competentes, la republicana y la franquista. Aunque, por otro lado, no hay que olvidar que la situación de Europa era en extremo difícil en aquel ya lejano 1936 pues se está gestando un nuevo conflicto europeo de escala mundial. No pocos autores, entre otros Juan Eslava Galán, han visto en el periodo de entreguerras unos años de paz forzada para el rearme, que posibilitaría el concluir de una vez por todas el pulso de las grandes potencias europeas por el dominio mundial. Y es que Europa, como rectora de la Humanidad, se suicidó en la primera mitad del siglo XX, quedando a partir de 1945 reducida a un solar en el que los dos grandes poderes hegemónicos resultantes de la II Guerra Mundial, la URSS y los Estados Unidos, subvencionaban a países demolidos por completo para anexionar sus economías a su esfera de poder. Aunque esto último aún no había acontecido en ese 1936 en el que se sitúa la acción de Falcó, en el que en ambos bandos hispánicos se está matando de manera industrial para despejar el ambiente de traidores y, de paso, para resarcir viejos agravios: una herencia problemática, el discutido trazado de una linde, una mujer guapa, etc. Y todo ello aderezado con la fortísima carga política del momento. Siendo en numerosas ocasiones la pertenencia a uno u otro bando una excusa más que un motivo para eliminar al objeto de nuestra querencia.

El protagonista de la novela, Lorenzo Falcó, es un espía a cargo del bando nacional que trabaja para el Servicio Nacional de Información y Operaciones, SNIO. A través de su particular mirada, y Falcó es un personaje tremendamente revertiano, vemos cómo es el ambiente en las dos zonas en las que se ha escindido España. La flora y fauna que las habitan: sindicalistas, falangistas, comunistas, alemanes, anarquistas, italianos, los célebres moros de Franco, etc. Los pobres diablos que las pueblan, generalmente debido más a la casualidad del momento que a la simpatía ideológica, tratan de mimetizarse con el ambiente que les ha tocado en suerte: puño en alto, misa diaria, cara al sol, famélica legión, etc. Ese es el paisaje en el que arranca la novela, momento en el que se le encomienda a Falcó una misión en la parte de España controlada por la República. Misión que, obviamente, no vamos a desvelar aquí pero que el lector, a poco que sepa de Historia, sabrá que está perdida de antemano. Falcó, la novela, transcurre a lo largo del desarrollo de dicha misión, lo cual nos permite ver cómo era la fascinante y siempre peligrosa labor del espía, especialmente en territorio enemigo.

La idea capital de Falcó es la ideología, la creencia en valores superiores por los que merece la pena matar o arriesgar la vida llegando, en casos extremos, a recurrir al martirio en pro de una causa mas importante que uno mismo. Como ya hemos mencionado con antelación, en la Europa del momento bullen con frenesí las ideologías totalitarias del fascismo y del comunismo. Estas ideologías fueron la consecuencia de los horrores de los años anteriores que incluyeron las monstruosas perdidas humanas de la Gran Guerra, la miseria resultante de la misma, el paro y el empobrecimiento en la Gran Depresión, etc. Un largo y absolutamente siniestro rosario de males al que se intenta poner remedio tirando de patriotismo, razas superiores y espacio vital; o de la deshumanización, represión y anulación del individuo con ansias mundializadoras. Y, mientras tanto, las democracias liberales (Estados Unidos, Reino Unido y Francia) hacían frente como podían a sus propios problemas internos, dejando que ambas bestias engordaran fatalmente. España no fue una excepción a esto y, por eso, en plena República tanto derechistas como izquierdistas conspiran para derribar el régimen legal en beneficio propio. Es la novela Falcó una especie de homenaje a esos millones de jóvenes que, en tiempos durísimos, pusieron a los pies de sus ideologías su sangre y la vida de muchos otros. Jóvenes que en la novela están brillantemente retratados: ese agente en territorio enemigo, ese espía doble, ese camisa vieja que reparte propaganda falangista en la entrada de las fábricas con una pistola en el bolsillo, etc. Si hay algo en lo que Europa ha sido siempre maestra es en perder una generación tras otra y, en los cincuenta primeros años del siglo XX, perdió demasiadas. Precisamente todo esto contrasta enormemente con el que es el protagonista absoluto de la novela y, de hecho, presta su apellido al título de la misma: Lorenzo Falcó.

Es Falcó un personaje singular: guapo, descreído, simpático, lúcido, mujeriego, en la mitad de la treintena, un niño bien de familia jerezana que salió más bala perdida de la cuenta (un lío de faldas trunca una prometedora carrera en la Armada) y que, para mantener un holgado tren de vida, decide vender su peculiar talento a los servicios secretos de la II República. Posee Falcó una personalidad poliédrica en la que abundan numerosas facetas oscuras, marca de la casa, en las que destaca un escepticismo cínico ante la vida que le lleva a no servir a mas señor que a sí mismo. Todo ello aderezado con sus peculiares códigos de conducta, clásicos en los personajes de Pérez-Reverte, como el de la lealtad. Mucho ha hecho hincapié el autor de la novela en que su nueva creación, Lorenzo Falcó, es un sinvergüenza y un canalla. Lo cual no es exactamente así ya que, al igual que en el caso de Diego Alatriste, Falcó ostenta rasgos de nobleza, como el valor o la camaradería, que lo redimen de sus otras peculiaridades. Entorno a Lorenzo Falcó y a sus andanzas, presentes y pasadas, gira la novela, dándonos el autor pistas sobre su pasado. Lo cual, amen de contribuir a darle cohesión a la historia, sirve para establecer asideros en la narración a la hora de una previsible secuela, ambientada esta antes o después de los hechos narrados en Falcó. La lucidez y el desapego a la fortísima carga ideológica del momento, cuando se produce el alzamiento llega a preguntarle a su superior si están a favor o en contra, hacen a Falcó destacar sobre el que es el otro gran personaje de la novela, Eva Rengel.

Guapa, joven, inteligente, valiente, rubia, de sangre extranjera, misteriosa, con un punto equívoco, Eva Rengel es uno de los grandes personajes femeninos de Pérez-Reverte. Lo cual no es baladí pues estamos hablando del creador de féminas como Macarena Bruner, Lex, Angélica de Alquezar, Tanger Soto, Lolita Palma, Teresa Mendoza, etc. Para ser un autor al que sus no lectores imputan ser un notorio machista, da vida a mujeres compactas, creíbles y llenas de matices. Vivas, en definitiva. Eva Rengel es una joven militante de Falange en territorio controlado por la República que se juega la vida junto a otros compañeros para posibilitar la misión encomendada a Falcó. Y es el contrapunto perfecto al escéptico Falcó pues ella representa como nadie la entrega de aquellas generaciones a una causa superior. En este caso un bello ángel frío de muerte dispuesto a sacrificarlo todo y a todos por su ideología. Vivirá Falcó una intensa relación con ella que, esperemos, preconiza numerosos futuros encuentros. Tampoco hay que olvidar que Falcó está cimentada en esplendidos personajes secundarios con muchísima personalidad que otorgan al relato una gran verosimilitud. A destacar la figura del Almirante, Paquito Araña, los hermanos Montero, Juan Portela, etc.

Falcó está publicado por la editorial Alfaguara, siendo su primera edición, la reseñada, de octubre de 2016. Cuenta con tapa dura con sobrecubiertas y un total de 291 páginas, siendo su papel de adecuada calidad y gramaje. Estamos ante una edición correcta y elegante que sienta muy bien a la mano por su escueto peso (588 gramos) y que destaca por la genial ilustración de su portada. Su precio es de 19.90 €.

El autor de la novela es Arturo Pérez-Reverte Gutiérrez, nacido en Cartagena en 1951. Durante veintiún años fue reportero de guerra y ejerció de periodista en prensa, radio y televisión. Asqueado de lo que había llegado a degenerar su profesión decidió enfocar su actividad a la literatura en exclusiva. Es autor de excelentes novelas como El club Dumas, Hombres buenos, El franco tirador paciente, La piel del tambor, etc. Destaca dentro de su producción literaria el afán de tratar de paliar los desastrosos planes educativos que han asolado la enseñanza en España durante las últimas décadas. Fruto de este afán es la saga de novelas del Capitán Alatriste, en las que narra a las nuevas generaciones de españoles un pedazo capital de su historia, siempre postergado en los colegios, el Siglo de Oro. También destaca la edición escolar en un solo volumen de las dos partes del Quijote publicada por la Real Academia de la Lengua Española, de la que Arturo Pérez-Reverte ocupa el sillón T, y que fue adaptada por él mismo. Los lectores que lo estimen oportuno pueden acceder en este enlace a la reseña del libro La Guerra Civil contada a los jóvenes, también del mismo autor.

A modo de conclusión debo decir que Falcó me ha gustado mucho, estamos ante una de las mejores novelas de Pérez-Reverte. Probablemente Falcó sea el inicio de una nueva saga en la que el autor comparta con sus lectores su interpretación de la sangrienta primera mitad del siglo XX en Europa. En Falcó se refleja una España violenta, fanática y aterrorizada de la que somos herederos y, de la que en cierta medida, no hemos sido capaces de dejar atrás. Destaca Falcó, como siempre en Pérez-Reverte, por ostentar una fantástica documentación que se refleja en todos los aspectos de la vida, desde el nombre de actores y actrices famosos del momento, hasta los calibres de las armas de la época. Sin dejar de lado, Lorenzo Falcó es un dandi de buena familia, las marcas que hacían felices a la burguesía de la época: Patek Philippe (relojes), Trilby (sombreros) Vionnet (vestidos), etc. Y todo ello aderezado con las sempiternas y características cafiaspirinas. Lo único que ensombrece un tanto la publicación de Falcó es que, si efectivamente se inicia una saga nueva, podemos estar ante el prematuro fin de las andanzas del Capitán Alatriste. Lo cual, para aquellos que llevamos veinte años esperando un encuentro en París con tres mosqueteros y cierto gascón, sería una autentica tragedia. Por todo ello recomiendo encarecidamente su lectura.

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