La dinastía julio-claudia: Los primeros emperadores de Roma (II)

¡Hola bizantinos! Hoy os traigo la continuación de la anterior entrada dedicada a la primera dinastía de emperadores romanos, la julio-claudia. En el presente artículo analizaremos las biografías de sus tres últimos exponentes: Calígula, Claudio y Nerón.

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Busto de Calígula

Cayo Julio Cesar Germánico fue hijo del gran Germánico, como ya mencionamos uno de los generales más prestigiosos de Roma y rival de Tiberio en su acceso a la purpura, y pasó a la historia por el cariñoso apelativo que le impusieron los soldados de su padre: Calígula, botitas en latín, pues parece que de niño le confeccionaron unas botas claveteadas legionarias adecuadas a su talla reducida. Calígula tuvo que aprender a nadar en las peligrosísimas aguas imperiales de su familia, las mismas que se llevaron la vida de su madre y de dos hermanos suyos. Tuvo uno de los comienzos de reinado con mejores perspectivas de la historia romana debido a que el régimen de Tiberio había degenerado en sangrienta tiranía y a la ilusión que generó en el pueblo de Roma volver a tener un emperador joven y prometedor. Su reinado fue bastante corto, pues no llegó a los cuatro años, y está plagado de anécdotas que lo retratan como a un demente. Tal vez la mas curiosa es aquella que nos cuenta que mandó que su caballo predilecto, Incitato, durmiera en un lujoso palacio, comiera las mas apetitosas viandas y bebiera los caldos mas excelsos. Parece ser que hasta lo caso con una mujer e intentó nombrarlo senador. Calígula fue un derrochador fabuloso ya que pese a que se encontró las arcas del tesoro llenas a rebosar, pues Tiberio fue famoso por su tacañería, a su muerte la economía del Imperio romano estaba quebrada. Además, gran parte de sus ciudadanos más ricos vivían en un estado de perpetua angustia ante los frecuentes asesinatos de patricios acaudalados perpetrados por el emperador en un intento de hacer caja para satisfacer sus caprichos. Se casó hasta en cuatro ocasiones pese a que sólo tuvo una hija que murió escasos minutos después que él. Son numerosas las fuentes que nos han legado la idea de que mantuvo relaciones sexuales con sus tres hermanas. Fue tal el sufrimiento que le causó la temprana muerte de su hermana favorita, Drusila, que la elevó a los altares convirtiéndola en diosa. Fue Calígula, muy influenciado por el ejemplo de los monarcas orientales, el inaugurador de una curiosa costumbre de los emperadores de Roma: pretenderse un dios en vida. Todo esto hizo de él un personaje odiado y desembocó en el primero, de una larguísima lista, de los magnicidios en la purpura. Murió a principios del año 41 y fue sucedido por su tío Claudio.

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Resto de una cabeza perteneciente a una estatua del emperador Claudio

Tiberio Claudio Druso Nerón Germánico, o simplemente Claudio, sucedió contra todo pronóstico a su joven, apenas 28 años, sobrino Calígula a los cincuenta y un años de edad. Claudio fue un superviviente nato que asistió al auge y caída de la práctica totalidad de los miembros de su familia imperial, de hecho sobrevivió a todas esas purgas porque nació aquejado de varias taras ya que era cojo, algo sordo, con tendencia al mal de estómago, a los resfriados constantes y a padecer continuos temblores involuntarios en la cabeza. Esto hizo que, al ser de sangre real, tuviera la suerte de ganarse el desprecio de los suyos y no ser tenido en cuenta como un rival potencial de ningún astro julio-claudio. Es fama que su propia madre y la misma Livia lo postergaron y apenas quisieron tener contacto con él, siendo precisamente su desgracia física lo que le permitió sobrevivir los años convulsos de Tiberio y los aún más sangrientos de Calígula. Esta deficiencia física se veía compensada con una aguda inteligencia y una vasta cultura, nuevamente rasgos que le permitieron sobrevivir ya que si hubiese hecho carrera en el ejercito o la política muy posiblemente hubiese sido asesinado. Su reinado tuvo como principal objetivo reconciliar al pueblo de Roma con el gobierno de los cesares, hecho que consiguió mediante una serie de obras públicas tendentes a hacer la vida de la plebe más fácil como el acueducto Aqua Claudia o la remodelación del puerto de Ostia. También destacó en materia militar ya que fue en el gobierno de Claudio cuando Roma termina por anexionarse Britania, anhelada conquista desde que Julio Cesar, en el transcurso de la Guerra de las Galias, cruzara el Canal de la Mancha hasta en dos ocasiones. Pero son numerosas las sombras que planean bajo el reinado de Claudio ya que otorgó a sus libertos un poder enorme en detrimento de la clase senatorial. También pesó enormemente en la balanza el hecho de que sus dos últimas esposas, contrajo matrimonio hasta en cuatro ocasiones, fueran en extremo ambiciosas. La penúltima, Valeria Mesalina, fue famosa por su gran belleza, sus numerosas infidelidades y su sed de poder. Claudio tuvo con ellas dos hijos, Británico y Claudia, destinados, en principio, a sucederle. Mesalina fue condenada a muerte ya que ideó un plan para destronar a Claudio y coronar emperador a su amante el cónsul Cayo Silio. Afortunadamente para Claudio uno de sus libertos le advirtió de la boda pública de Mesalina con Silio y de su intención de asesinarle. Claudio mandó matar a ambos cónyuges y a los cabecillas de la conjura. Después de esto hizo el acto mas extraño de su reinado: casarse con su sobrina Agripina. Ésta, que era hija de Germánico y hermana de Calígula, pese a que había visto como casi toda su familia había sido asesinada a lo largo de los años, estaba dominada por la pasión de mandar. Agripina aportaba al matrimonio un hijo habido en un enlace anterior, Lucio Domicio Ahenobarbo, que sería el futuro emperador Nerón. Poco a poco Agripina maniobró para postergar a los hijos de Mesalina postulando como único heredero al trono a Nerón. Consiguió casar a Nerón con Claudia para, de este modo, legitimar aún más a su propio hijo. Cuando Claudio nombró a Nerón su heredero firmó su propia sentencia de muerte. Es comúnmente aceptado que Claudio murió en el año 54 envenenado por Agripina mediante un plato de setas, a las que era un gran aficionado.

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Representación de Nerón, último de los Julio-Claudios

Nuevamente observamos como a un emperador julio-claudio no le sucede su hijo sino el candidato con menos escrúpulos para allanarse el camino a la purpura. Roma asistía a otro inicio de reinado de un cesar joven, dieciséis años, que preconizaba una época de esplendor para el Imperio que, a semejanza de la de Calígula, degeneró en una orgía de sangre y locura. Los primeros años del inexperto Nerón en el trono estuvieron marcados por la fortísima influencia materna y por el buen hacer del genial filósofo cordobés Seneca, autentico valido, personajes ambos que rigieron el Imperio. Nerón fue cortando uno a uno los hilos que lo ataban a la familia imperial ya que el hijo de Claudio, Británico, pereció repentina y sospechosamente en el transcurso de un banquete y se separó de la hija del anterior emperador, Claudia, para casarse con Popea Sabina. Aunque el mas célebre de los crímenes de su reinado, obviando que se le imputa haber matado a Popea de una patada en el vientre cuando ésta estaba embarazada, fue el hecho de mandar asesinar a su propia madre, Agripina, por la ambición desatada que mostraba. Cuentan que cuando le preguntaron por qué lo había hecho respondió que Roma no podía tener dos cesares. Otra catástrofe famosa tuvo lugar en su reinado: el pavoroso incendio que sufrió Roma en el año 64 del cual fueron culpados los cristianos. En esta época había en Roma auténticos rascacielos de hasta siete plantas conocidos como insulae, construidos de madera y muy próximos unos a otros por lo que los incendios se producían con bastante frecuencia. Como consecuencia del incendio, amplias zonas de la ciudad fueron devastadas y Nerón aprovechó para construirse una desaforada residencia regia acorde a su ego, la Domus Aurea, en la que podía deleitar a sus invitados con su pretendida habilidad tenora. La guinda a su megalomanía la puso al entrar por primera vez en la recién acabada Domus Aurea y exclamar: “Por fin podré vivir como un ser humano”. A su muerte todo el monumento fue arrasado y más adelante se construyeron encima, entre otros, el célebre Coliseo y las Termas de Trajano. Aunque Nerón fue apreciado por el pueblo se ganó la antipatía de la aristocracia y, pese a que hubo numerosas conjuras encaminadas a su asesinato, acabó suicidándose. O intentándolo ya que, en plena faena, tuvo que ser auxiliado por su secretario que le apuñaló en el cuello. Se sabe que regaló a la Humanidad una postrera perla de su ingenio al exclamar: “¡Qué gran artista perece conmigo!” en el momento de su augusto óbito. El balance de su reinado fue siniestro, dejando un Imperio en ruina y sin sucesor ya que no quedaba nadie de la familia de los julio-claudios vivo para asumir la purpura. Esta asombrosa familia, en la que la consanguineidad, el crimen, la depravación, la megalomanía y la locura tuvieron su asiento, había gobernado Roma aproximadamente un siglo en el que sólo dos emperadores (Augusto y Claudio) podían ser considerados como “buenos”. Tras Nerón Roma vivió el conocido como Año de los Cinco Emperadores, una nueva guerra civil en la que prevaleció el prestigioso general Vespasiano, inaugurando otra dinastía imperial, la Flavia. Pero eso, como se suele decir, es otra historia.

La imagen de la portada de este artículo está sacada de Flickr y fue tomada por el usuario: ho visto nina volare (https://www.flickr.com/photos/41099823@N00/) bajo licencia Creative Commons. Al igual que la imagen del emperador Calígula que fue tomada por el usuario Michael from NYC (https://www.flickr.com/photos/bigmikenyc/), la del emperador Claudio que fue tomada por el usuario Trujinauer (https://www.flickr.com/photos/49763843@N07/) y la del emperador Nerón que fue tomada por el usuario Antonio@GDL (https://www.flickr.com/photos/28546148@N06/), todas bajo licencia Creative Commons.

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