Reseña del libro: “Viaje por el Guadalquivir y su historia” de Juan Eslava Galán

¡Hola Bizantinos! Hoy os traigo el libro: “Viaje por el Guadalquivir y su historia” del infatigable escritor Juan Eslava Galán. En él nos sumergimos, nunca mejor dicho, por los sinuosos y cambiantes meandros de ese río fabuloso que ha articulado gran parte de nuestra historia y ha sido hito imprescindible de algunas de las páginas más brillantes de la ibérica biografía.

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Portada del libro: “Viaje por el Guadalquivir y su historia” de Juan Eslava Galán.

Cuanta Eslava Galán que los primeros en tener noticia del Guadalquivir fueron el primero de los pueblos del Oriente mediterráneo, infinitamente mas civilizado en la época que el irrelevante Occidente, que se dejó caer por estas tierras, los fenicios. Estos fenicios se toparon con el célebre Tartessos, reino mítico que hunde sus raíces en la leyenda, famoso por poseer una gran riqueza ganadera, agrícola y, muy especialmente, de metales nobles. Noticias de este fabulosamente rico reino de Tartessos nos han llegado de numerosas fuentes del Mundo Antiguo, en la Biblia se cuenta que las naves de Tiro embarcaban en Tartessos los metales nobles con los que se construyó el Templo de Salomón. Eran los fenicios un activo pueblo de mercaderes que tenían aposentados sus reales en lo que a día de hoy es, mas o menos, Siria. A la actividad mercante fenicia le debemos la fundación de numerosas ciudades que han persistido hasta época actual: Gades (Cádiz), Malaka (Málaga), Sexi (Almuñécar), Abdera (Adra), etc. Viaje por el Guadalquivir y su historia esta lleno de paralelismo históricos que nos recuerdan que todo ha pasado ya numerosas veces, uno de ellos es la analogía existente entre la actual situación en la que los países del Primer Mundo van en busca de materias primas a los países pobres del Tercer Mundo, incapaces de explotarlas por su carencia de tecnología. Al igual que hoy día hay numerosos megaricos que ya no saben en qué gastar sus petrodólares lo mismo pasaba en época tartésica en la que no se supo construir un Estado como tal, aunque las clases dirigentes vivieron con gran lujo, como nos muestran los hallazgos arqueológicos, merced a las riquezas que los fenicios les entregaban a cambio de sus metales preciosos. También el mundo griego se dejó caer por los lares tartésicos ya que de los doce trabajos de el héroe griego Hércules dos, el robo de los bueyes de Gerión y el robo de las manzanas del Jardín de las Hespérides, tuvieron lugar en el solar tartésico. Lo cual es mucho decir de su importancia teniendo en cuenta que los intereses griegos siempre estuvieron enfocados en la Magna Grecia (Sur de Italia y la isla de Sicilia) y, muy especialmente, en Asia menor.

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Contraportada del libro: “Viaje por el Guadalquivir y su historia” de Juan Eslava Galán.

Eslava Galán refiere que debemos entender el Tartessos histórico como un conjunto de caciques, en la época llamados régulos, que explotaban los recursos naturales en pro de sus socios comerciales y compradores fenicios antes que como un reino unificado. Esta teoría explicaría la súbita desaparición y colapso del Tartessos histórico que Eslava Galán explica porque los tartésicos se quedaron repentinamente sin mercados ya que los fenicios, atacados en su patria por los persas, se ausentaron inesperadamente de la Península. Con el súbito mutis de Tartessos aparecen los iberos como pueblo sustituto de aquellos a orillas del Guadalquivir. También aparecen nuevos contendientes que aspiran a las riquezas de estas tierras sureñas: los cartagineses y los griegos. Los cartagineses eran originariamente una colonia fenicia asentada en el Norte de África. Esta colonia, situada en Cartago (término que venía a significar algo así como ciudad nueva), tenía una privilegiada posición para dominar las principales rutas marítimas de comercio mediterráneo. Poco a poco la colonia africana fue eclipsando en poder a la metrópoli siria y, de esta manera, los cartagineses llegaron a ser la potencia hegemónica en el Mediterráneo occidental hasta la eclosión del poder romano. Esa hegemonía tan sólo era desafiada por los mercaderes provenientes de Grecia que rivalizaban con los cartagineses a la hora de acceder a las ricos metales y mercados de Iberia. Esta rivalidad tuvo como consecuencia la célebre batalla de Alalía que trajo el reparto de la Península: el Norte, mas atrasado, sería zona de influencia griega; mientras que el Sur, mucho más rico y fértil, sería usufructuado por Cartago.

Refiere Eslava Galán en Viaje por el Guadalquivir y su historia que en la entrada a los templos fenicios existían dos pilonos gigantescos, a imitación de los egipcios, que dieron lugar a las columnas de Melkart, renombradas por los griegos como columnas de Hércules. Éste era un mito que explicaba que África y Europa estuvieron unidas hasta que Hércules, durante la realización de sus doce trabajos, separó las dos orillas dejando pasar las aguas del océano Atlántico y creando, de paso, el Mediterráneo. Desde la Antigüedad se creía que mas allá de las columnas de Hércules no había más tierra, tan sólo una extensión infinita de agua. Por eso se solía acompañar a las representaciones de las columnas de Hércules con una cartela que contenía la siguiente leyenda: “Non plus ultra” (no más allá). Esto probablemente fuera el triunfo de un bulo que propagaron los cartagineses para desaconsejar la navegación por dichas aguas a sus rivales ya que se especula con la posibilidad de que tuviesen asentamientos comerciales en las costas del África atlántica. Con el descubrimiento de América, Carlos V acuñó el emblema: “Plus ultra” (más allá), símbolo de su poder sobre las dos orillas del Atlántico, sobre los dos mundos, el Viejo (Europa) y el Nuevo (América). Todo este simbolismo se recogió en las prestigiosas monedas españolas de la época que, andando el tiempo, fue heredado por la potencia que nos reemplazó en América cuando el Imperio español se vino abajo, los Estados Unidos. Por eso, el emblema de las columnas de Hércules luce orgulloso en la actual moneda que rige la economía mundial, el dólar gringo ($), en el que las dos barras verticales corresponden a las columnas de Hércules y la “S” a la cartela del Plus ultra. A los cartagineses le sustituyó Roma como potencia ordeñadora de las riquezas generadas por el Guadalquivir.

En época romana las tierras regadas por el Guadalquivir se encuadraron dentro de la provincia de la Bética que, después de Sicilia y el Norte de África, fue el territorio mas rico de Occidente por goleada. La Bética fue especialmente pródiga en el cultivo del olivo, auténtico oro líquido de la Antigüedad. Tenía el aceite numerosísimos usos en la época romana pues se utilizaba como alimento o como método para cocinar haciendo fritos; también era usado a la hora de fabricar perfumes o para la higiene, pues sorprende el hecho de que los romanos no conocieran el jabón, utilizando el aceite para su curioso método de higiene corporal. Éste método consistía en realizar friegas en la piel con aceite, una vez que la piel se encontraba debidamente embadurnada de aceite, se espolvoreaba polvo para que formase una especie de barro al entrar en contacto con el aceite. Este barro, que contenía aceite, sudor y suciedad, era retirado con un rascador en forma de hoz con el borde romo llamado estrígilo. El aceite en época romana tenía varias calidades, haciendo mención Eslava Galán de que los romanos no lo adulteraban como es costumbre usual hoy día. La calidad del aceite oscilaba desde el que se obtenía en el primer prensado hasta el lampante, llamado así por ser el utilizado a modo de combustible en las lámparas para alumbrar por las noches.

Nuevamente saltamos a otro periodo histórico en Viaje por el Guadalquivir y su historia pues después de Roma toca hablar del al-Ándalus. En época islámica destacó Córdoba de manera esencial en las tierras bañadas por el Guadalquivir o río grande por su nombre en árabe (al-wadi al-kabir). En este periodo destacan sobremanera los dos Abderramanes, el I y el III. Abderramán I era un príncipe omeya que, escapando a duras penas de la matanza de su imperial familia en Damasco, huyó hasta la provincia mas alejada del fabuloso Imperio islámico del momento, al-Ándalus. Llegó a un al-Ándalus tremendamente fragmentado y enfrentado. Supo ganarse el favor de los descontentos y, con mucho tesón, logró recomponer la provincia y declararse emir dependiente, al menos nominalmente, del califa de Oriente. al-Ándalus fue un emirato dependiente de Bagdad hasta que el tercero de los Abderramanes se declaró independiente y califa él mismo. El título de califa, equiparable al de vicario en el mundo cristiano, hacía mención a que el califa era el sustituto de Mahoma en la Tierra. Quien ostentara este cargo aunaba el poder militar y religioso en una misma persona. En esta época Córdoba es un pedazo de Oriente trasplantado en el depauperado Occidente, una Bagdad o Constantinopla en miniatura. Fue la ciudad mas populosa, deslumbrante y rica de todo el Occidente. Ni siquiera la Roma medieval de los papas pudo rivalizar con ella. Abderramán III construyó su Imperio merced al reclutamiento de un ejercito de veteranos profesionales conformado en su practica totalidad por extranjeros solamente fieles al califa. Además construyó una ciudad palatina que fue el pasmo de su época muy cerca de Córdoba, la ciudad de la belleza, Medina Azahara. Esta ciudad se edificó durante cinco décadas e, irónicamente, tan sólo sobrevivió cincuenta años a su construcción. Se asentaba en tres terrazas naturales que conformaban, de arriba abajo, la ciudad propiamente palaciega, la ciudad administrativa y la ciudad militar. A Abderramán III le sucedió su hijo Alhakén II, que gozó de un brillante reinado, y a éste le sucedió el califa Hisham al que el califato se le escapó de las manos y al-Ándalus se volvió a sumir en la guerra civil (fitna en árabe) siendo Córdoba arrasada y Medina Azahara destruida por las tropas beréberes.

Siguiendo el curso del Guadalquivir el siguiente hito histórico lo encontramos en Sevilla. La funda Julio Cesar en el año 45 a. C. con el nombre: “Colonia Iulia Romula Hispalis”. En época islámica pasará a ser denominada Isbiliya o Isbilia. A la caída del califato de Córdoba fue capital de un reino taifa conociendo un periodo de esplendor con el rumboso rey Al-Mutamid el que, obligado a elegir entre dos peligrosos vecinos, optó por llamar en su auxilio a sus correligionarios musulmanes del Norte de África, los almohades. Éstos lo depusieron e implantaron un régimen de terror ya que obligaron a los creyentes a practicar rigurosamente las normas de conducta islámicas, cosa que en al-Ándalus siempre se observaron de manera muy laxa. Con el tiempo los feroces almohades se mimetizaron con la decadencia moral imperante en al-Ándalus, tendrían que venir nuevas oleadas norteafricanas a restituir la fe musulmana en toda su crudeza. Esto siguió así hasta que Fernando III, al que Eslava Galán considera el mejor rey de España, conquista el valle del Guadalquivir, inclusive la propia Sevilla. Los andalusíes restantes en la Península se refugian en un nuevo reino con sólidas defensas geográficas, Granada, que, merced a su riqueza e inteligente diplomacia y a la endémica guerra civil castellana, subsistirá como único enclave musulmán occidental hasta 1492. La política de asentamiento que se desarrolló en toda la Reconquista consistió en vaciar de población musulmana las ciudades conquistadas lo que, como ha reiterado Eslava Galán entre otros libros suyos en: “Califas, guerreros, esclavas y eunucos: los moros en España”, propició que las actuales generaciones de españoles apenas cuenten con sangre andalusí por sus venas ya que las poblaciones conquistadas se repoblaban con gentes del Norte peninsular. Ya en época cristiana Sevilla se convirtió en un activo puerto comercial pero fue a partir del descubrimiento de América cuando su importancia se disparó llegando a ser la ciudad más importante del mundo. Y esto fue así ya que el órgano administrativo español encargado de comerciar con las posesiones del Nuevo Mundo, la Casa de Contratación, fue situado en Sevilla por su privilegiada situación geográfica. Había que buscar un puerto de mar que estuviese a salvo de los piratas ingleses, franceses, holandeses y berberiscos y Sevilla, situada a 80 quilómetros del mar, era un enclave privilegiado. No obstante, la navegación del Guadalquivir siempre representó un problema para los marineros por las cambiantes barras de arena, que fueron negligentemente ampliadas por los navegantes ya que tiraban por la borda el lastre de los barcos para poder continuar subiendo el Guadalquivir y llegar a salvo a Sevilla. Se calcula que al menos un diez por ciento de los barcos que navegaron el Guadalquivir en esta época naufragaron. En los siglos en los que la sede de la Casa de Contratación estuvo situada en Sevilla su riqueza fue desmedida, siendo el núcleo mas importante y activo de comercio en el mundo, lugar de encuentro de las mercancías europeas, americanas y africanas, amén del lugar donde se desembarcaban las cargas fabulosas de plata y oro provenientes de los virreinatos americanos.

Viaje por el Guadalquivir y su historia está editado por la editorial La esfera de los libros, siendo la edición reseñada la primera, de mayo de 2016. Cuenta con tapa dura con sobrecubiertas y un total de trescientas setenta y seis páginas mas un cuadernillo central de cincuenta y seis páginas a todo color. Como todos los libros de Eslava Galán destaca por las numerosas reproducciones fotográficas (paisajes, pintura, numismática, ruinas, mapas, obras de ingeniería, estatuas, puentes, etc) que pueblan sus páginas y que tan bien complementan su lectura. En esta ocasión priman sobremanera las reproducciones fotográficas a todo color recogidas en un extenso cuadernillo central, siendo minoritarias las reproducciones en blanco y negro. Su papel es de buena calidad y adecuado gramaje. Todo ello hace que nos encontremos ante una edición sólida, bien realizada y excelente en su apartado gráfico que sienta muy bien a la mano merced a su moderado peso (877 gramos). Su precio es de 21,90 €.

Su autor es Juan Eslava Galán, escritor prolífico por antonomasia, que ha gozado de una brillante trayectoria de premios entre los que destaca el Planeta, el Ateneo de Sevilla y el Primavera 2015. Se doctoró en letras en la Universidad de Granada con una tesis sobre la poliorcética en el Reino de Jaén, siendo catedrático de Instituto hasta su jubilación. Su carrera literaria cuenta con una curiosidad ya que escribió bajo pseudónimo varias novelas de ambientación templaria con el nombre de Nicholas Wilcox. Suele escribir novelas o ensayos, de entre su producción destaco: Homo Erectus, En busca del unicornio, El catolicismo explicado a las ovejas, El mercenario de Granada, La década que nos dejó sin aliento, Historia del mundo contada para escépticos, Una historia de la Guerra Civil que no va a gustar a nadie e Historia de España contada para escépticos. No es la primera vez que obras suyas aparecen en el blog pues Lujuria y Avaricia fueron reseñadas en su momento.

Me ha gustado mucho Viaje por el Guadalquivir y su historia de Juan Eslava Galán ya que se trata de un fenomenal repaso a la historia de uno de los ríos clave para entender la historia, no ya de España, sino de Europa y del mundo en general. Por sus páginas recorremos toda su extensión desde el nacimiento hasta su desembocadura, asistimos a los diferentes caudales en todas las zonas que baña el Guadalquivir, repasamos los ríos con los que funde su cauce, observamos las diferentes obras de ingeniería civil con las que, a lo largo de los siglos, los humanos hemos intentado domeñar su poder o aprovecharnos de su caudal, etc. En resumen, una magnífica travesía por el río grande de los árabes de los que toma su nombre, el Guadalquivir. También Viaje por el Guadalquivir y su historia representa una ruta cultural por la geografía, historia, gastronomía, arquitectura, costumbres, etc, de las comarcas bañadas por el río. Y, como no podía ser de otro modo tratándose de Juan Eslava Galán, todo ello narrado con profusión de anécdotas muy graciosas que siempre dotan a la lectura de un gran ritmo. Por todo ello, recomiendo su lectura.

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2 comentarios en “Reseña del libro: “Viaje por el Guadalquivir y su historia” de Juan Eslava Galán

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