Reseña del libro: “Avaricia” de Juan Eslava Galán

¡Hola bizantinos! Hoy os traigo la reseña de Avaricia de Juan Eslava Galán en el que se analiza toda la desmedida corrupción que nos ha asolado desde mediados del siglo XIX hasta principios del XXI. Pocas veces un libro es capaz de explicar de forma tan contundente lo que ha sido la historia de nuestro país desde un prisma tan incómodo y clave para entender España y a los españoles. Avaricia pertenece a una serie sobre los pecados capitales de la historia de España de la que nuestro escritor jienense favorito se ha encargado de los dos primeros (también podéis leer la reseña de Lujuria en el blog).

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Portada de Avaricia de Juan Eslava Galán

El tema central de Avaricia es la codicia, ese afán desordenado por acaparar cosas: pisos, relojes, coches, millones, mujeres, etc. Empieza la narración con un devoto Eslava Galán (y los que conocen su obra entenderán a qué me refiero) en íntima conversación con su director espiritual al que le pregunta cuál es el pecado en el que más incurrimos por estos ibéricos lares. Responde el Padre Fornell S. J. que la envidia, por supuesto. ¿Y el segundo, padre?, pregunta un azorado penitente. La avaricia, sin duda alguna. Con este recurso literario Juan Eslava Galán nos transporta a un país atrasado, pobre e inculto en el que intentar salir adelante siempre constituyó un considerable esfuerzo: España. Y es que en nuestra patria siempre fue fecundo el árbol de la codicia, con un sistema que promueve todo tipo de corruptelas y un pueblo iletrado que aspira a salir de pobre a cualquier precio. De ahí el célebre refrán, que sale a colación más de una vez en Avaricia, repetido durante generaciones por ganapanes que soñaban con los oropeles de la riqueza: “a mi que no me den, que me pongan dónde haiga”.

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Contraportada de Avaricia de Juan Eslava Galán

El libro, suponemos que por economía narrativa que no por escases de hechos precedentes, da comienzo a mediados del XIX con una estafa financiera en su clásica forma piramidal. Además, la avispada y emprendedora protagonista es hija de Mariano José de Larra, Baldomera Larra. Es significativo que se empiece con una estafa piramidal ya que a lo largo de la narración se sucederán mas estafas de este tipo que, por otro lado, son sumamente fáciles de perpetrar. La estafa consiste en tomar dinero a cuenta ofreciendo un interés muy superior al que ofrecen las entidades financieras en ese momento, lo cual ya debe de poner en guardia al inversor inteligente. Este cobro del fantástico interés se produce al principio con puntualidad británica por lo que numerosos inversores se suben a tan remunerador tren. Se preguntará el lector que cómo se consigue pagar ese abultado interés, muy fácil: destinando todo el montante de las nuevas imposiciones a pagar el interés de los antiguos inversores. De esta forma se va creando una pirámide en la que los que van entrando tienen cada vez más posibilidades de perderlo todo y los primeros son los que realmente se benefician del chiringuito mientras este dura. Tarde o temprano se derrumba la pirámide bien sea porque deja de haber nuevos impositores; o bien porque es tal el volumen de dinero que se necesita cada mes para pagar su interés a los antiguos depositantes que no se llega a cubrir con lo recaudado a los nuevos inversores. Muestra de que no aprendemos nada en absoluto es que son frecuentes este tipo de estafas. Un caso muy sonado y actual es el del Fórum Filatélico que se basaba en este desarrollo piramidal. Tampoco crea el lector que todas las estafas piramidales son ilícitas ya que, por ejemplo, las prestaciones por jubilación de la Seguridad Social sí están legalizadas (y haber lo que duran…).

Juan Eslava Galán, sumisa oveja apostólica pastoreada sabiamente por su confesor (y si no recuerde el lector su libro: “El catolicismo explicado a las ovejas”), dedica un lugar de honor en Avaricia a la Santa Madre Iglesia. Y así, somos testigos de cómo con ganas y tesón a través de los siglos la Iglesia se llega a adueñar de un tercio de las tierras de España merced a uno de los negocios más rentables de todos los tiempos: el purgatorio. El purgatorio es ese lugar intermedio entre el cielo, dónde los buenos creyentes gozan de la contemplación beatífica de Dios, y el infierno. En el purgatorio penan sus culpas las almas durante un tiempo indefinido, que suele ser bastante dilatado merced a la afición humana al pecado, en espera de la redención. Y ahí es dónde entra el negocio pues si un acaudalado pecador desea ahorrarse tan engorroso trámite divino, tan sólo debe pagar por redimir su condena de ultratumba. Lamentablemente para la afición, a día de hoy la propia Iglesia empieza a recular en la materia y a desdecirse del purgatorio, y donde antes había llamas ahora tan sólo queda un espacio desangelado (¿y desinfernado?) en el que las almas son privadas de la contemplación divina. También dedica Juan Eslava Galán capítulo en exclusiva a la notable maniobra política que conllevó el hecho de uncir a la naciente democracia española al carro de la Iglesia a través del Acuerdo ratificado en Roma el 3 de enero de 1979 entre el Estado español y la Santa Sede.

Otro pilar fundamental de Avaricia lo forman los capítulos dedicados a la Monarquía, y es que desde doña María Cristina de Borbón Dos Sicilias hasta Don Juan de Borbón y Battenberg la realeza ha dado mucho juego en esto de la codicia. Doña María Cristina, inconsolable viuda del buen rey don Fernando VII y madre de la edificante Isabel II, fue una reina con una capacidad mercantil y emprendedora envidiable ya que desarrolló una agencia, que ejercía como Administración paralela, por la que excusaba engorrosos trámites administrativos en sus siempre lentas relaciones con la Administración a aquellos de sus súbditos que pudiesen pagarlo. Tan excelente actividad administrativo-mercantil produjo sabrosos réditos a la reina madre y magníficos servicios a quienes pudieron, previo pago de su importe, beneficiarse de ella. Otro personaje real tratado con profundidad en Avaricia es el buen rey don Alfonso XIII al que, embargado por la pena de haber tenido que exiliarse de su querida España, vemos cómo se entrega a una laboriosa vida de excesos repartiendo su escaso tiempo libre entre los burdeles y los casinos de media Europa. Hay mas personajes reales en esta lista pero eso debe descubrirlo el lector.

En pleno siglo XIX a España, por sus muchos pecados de los que la avaricia es solo uno de ellos, tan sólo le restan las migajas del desmedido Imperio que llegó a poseer. Aún cuenta con Cuba y Puerto Rico en el Caribe y Filipinas en el Pacífico, amen de algunas posesiones menores como los archipiélagos de Carolina y Palaos y las islas Marianas. Estas colonias son monopolizadas por la burguesía y por los pobres que aspiran a volverse ricos de Cataluña y País Vasco. En una época en que la esclavitud empieza a ser abolida en todo el mundo, en especial a partir de que los ingleses la prohíban, son multitud los catalanes o vascos que ganan ingentes cantidades de dinero importando a las plantaciones caribeñas esclavos africanos. Juan Eslava Galán realiza un pormenorizado repaso a los apellidos ilustres que lograron salir del fango y la miseria con tan humanitaria actividad mercantil. No todo iba a ser malo, algunos negreros, piadosos creyentes, ordenaban bautizar a los negros (generalmente musulmanes o de religión pagana) antes de iniciar la incierta travesía entre África y el Caribe, curándose en salud ante una posible muerte dada las condiciones miserables en las que eran transportados.

Es curioso pero Eslava Galán cuenta en Avaricia que en época de la II República la corrupción estaba tan desatada que cuando se intentó embridar a la bestia, aquello degeneró en la Guerra Civil de 1936. Es en esta época cuando aparece una figura que brilla con luz propia en el firmamento codicioso español: don Juan March, que de nacer en el arroyo acabó su vida como potentado, temido y respetado. Juan March, con un innato olfato para los negocios, empezó vendiendo caladas a un cigarrillo a sus compañeros de clase. Los hermanos franciscanos, en vez de alentar tan prometedora carrera en el mundo empresarial, lo echaron de su centro de enseñanza por lo que tenemos a un Juan March joven y dispuesto a comerse el mundo. No contaremos su historia, ha de ser el lector el que la descubra en Avaricia, pero sí diremos que en su extenso catálogo de actividades mercantiles destacan, entre muchas otras, el hecho de haber sido espía doble en las dos Guerras Mundiales, en las que ganó ingentes cantidades de dinero vendiendo abastos a los alemanes y detallándole a los británicos, a cambio de un módico precio, la singladura del barco o submarino alemán para que éstos pudieran hundirlo y así salvar al mundo de la barbarie.

Llegamos ya a la época de la dictadura en la que Eslava Galán nos narra cómo los insobornables militares adjuntos del Caudillo se dejan querer por una Inglaterra que paga, a tanto el general, para que disuadan a Franco de entrar en la II Guerra Mundial al lado de Alemania. Mas adelante conocemos el caso del estraperlo, chanchullo que proviene de fusionar los apellidos de Daniel Strauss, Perlowitz y Lowann, artífices de una estafa en forma de ruleta de casino que trajo aparejada el destape de la corrupción institucional en la II República. Pero el estraperlo más conocido es el del mercado negro de bienes que surgió paralelo al oficial durante los años en que la dieta de los españoles estuvo sometida a cartillas de racionamiento. He de destacar, para todos aquellos lectores fieles de Juan Eslava Galán, que reaparece uno de sus personajes más queridos: el Chato Puertas, modelo de empresarios y espejo de sinvergüenzas que, con proverbial afición por el trabajo honrado, supo salir de la miseria con el estraperlo y reconvertirse en constructor de éxito cuando la vaca estraperlista empezó a no dar leche. Murió en los ochenta rico como Creso e inimputado por la Justicia como Caco. A su sepelio asistieron sus muchos deudos, su viuda y su inconsolable querida.

Por último, en Avaricia narra Juan Eslava Galán los escándalos mas recientes del periodo democrático. En esta reseña apenas los nombraré ya que la mayoría aún están vivos y al lector tan sólo le basta con leer un periódico para saber a qué me refiero. Por estas páginas desfilan el caso Pujol, Rumasa (y, años después, Nueva Rumasa), Filesa, Juan Guerra, Gürtel, ERE, mariscadas sindicalistas, la edificante historia del ágrafo de Marinaleda (antiguo maestro de la ESO), Roldán, Fondos FEDER, Mario Conde, el Dioni y, entre muchos otros y por encima de todo, la Pantoja y su Cachuli. Pero lo que más ha configurado el actual y prometedor semblante de España son los casos de corrupción financiera. Vamos a centrarnos en la burbuja inmobiliaria y en las preferentes. La burbuja inmobiliaria surgió ante la codicia desatada y superlativa de las entidades bancarias que ofrecieron abultadas hipotecas a personas que no poseían los recursos necesarios para afrontarlas. Al incauto pobre se le convencía de que era pobre porque quería ya que allí estaba tal o cuál entidad financiera para prestarle el dinero que le permitiera comprarse la casa de sus sueños (casa que solía ser sobrevalorada generosamente). Era dogma de Fe (y por tanto había que creérselo sin rechistar) que el ladrillo no sólo no bajaba de precio nunca sino que, de hecho, siempre subía. Con este argumento se acababa de convencer al crédulo pobre ya que si, por desventura, tenía que deshacerse de la casa hipotecada, siempre podría venderla y recuperar la inversión y algún dinerín extra. Ingentes riadas de dinero de los bancos americanos fueron traspasadas a los europeos que, además, les compraban lotes hipotecarios a las entidades estadounidenses. En estos lotes iban mezcladas hipotecas basura (las ofrecidas a un pobre, llamadas en Estados Unidos subprime) con hipotecas saneadas. La gracia de este simpático producto financiero es que no se sabía en qué proporción eran subprime o saneadas las hipotecas que lo componían. Cuando quebró la compañía estadounidense Lehman Brothers, algo así como un banco de bancos, el 15 de septiembre de 2008 saltó por los aires Wall Street, sede de la Bolsa americana, contagiando un pánico cerval a todas las entidades financieras del planeta que, a partir de ese momento, no se fiaban unas de otras porque nadie sabía a ciencia cierta cuál era la magnitud del roto y cómo de mal estaban las demás entidades. Este escándalo financiero mundial, fruto de la codicia extrema de los bancos y de la de los millones de pobres que se soñaron ricos unos pocos años, configuro el halagüeño panorama económico español actual ya que, a la crisis mundial, nosotros le sumamos el estallido de una burbuja inmobiliaria desatada. Las repercusiones de todo esto no se las tengo que contar al lector pues las está gozando ahora mismo.

Consecuencia de todo esto se produjo un agujero enorme en las cuentas de muchas entidades financieras españolas. Agujero negro e insondable que amenazaba con una cascada de quiebras bancarias que se llevarían por delante todo el sistema económico. Los banqueros, acongojados por lo que se les venía encima, buscaron dinero para restañar el agujero dónde fuera y, en España, eso significaba tangar mayoritariamente a pensionistas (note el lector que la juventud ya había sido esquilmada con el tocomocho de las hipotecas). Rápidamente se perpetró una estafa de proporciones faraónicas consistente en comercializar productos financieros de altísimo riesgo (lo que significa que en un escenario alcista pueden rendir cuantiosos beneficios y que en un escenario bajista el inversor puede perderlo todo) a particulares que distaban años luz de tener los conocimientos necesarios para saber dónde los estaban metiendo. Se les prometió unos intereses altos (observe el lector que siempre enarbolan la misma zanahoria) soslayando criminalmente la volatilidad del deposito. Pasó lo que tenía que pasar y cientos de miles de familias perdieron en un segundo los ahorros de toda una vida.

Avaricia fue publicado por Círculo de Lectores, por cortesía de Editorial Planeta, a finales de 2015. Cuenta con tapa dura con sobrecubierta y con un total de 314 páginas. Tiene numerosas fotografías (todas ellas en blanco y negro) y reproducciones (documentos, cuadros, caricaturas, etc) que contribuyen a que el lector visualice mejor los hechos narrados. La portada merece por lo acertado de su elección una mención ya que con una simple foto antigua coloreada se plasma a la perfección el contenido del volumen que el posible lector tiene entre las manos. También posee numerosas notas a pie de páginas que, a la inversa de lo que suele suceder, matizan o aclaran lo narrado mas arriba. El lector aplicado que desee abundar en la materia podrá hacerlo ya que Avaricia incluye una extensa bibliografía. Su papel es de aceptable calidad y gramaje, lo cual nos ofrece una edición pequeña que sienta muy bien a la mano por su exiguo peso (488 gramos). Su precio es de 17.50 €.

Su autor es Juan Eslava Galán, escritor prolífico por antonomasia, que ha gozado de una brillante trayectoria de premios entre los que destaca el Planeta, el Ateneo de Sevilla y el Primavera 2015. Se doctoró en letras en la Universidad de Granada con una tesis sobre la poliorcética en el Reino de Jaén, siendo catedrático de Instituto hasta su jubilación. Su carrera literaria cuenta con una curiosidad ya que escribió bajo pseudónimo varias novelas de ambientación templaria con el nombre de Nicholas Wilcox. Suele escribir novelas o ensayos, de entre su producción destaco: Homo Erectus, En busca del unicornio, El catolicismo explicado a las ovejas, El mercenario de Granada, La década que nos dejó sin aliento, Historia del mundo contada para escépticos, Una historia de la Guerra Civil que no va a gustar a nadie e Historia de España contada para escépticos.

Me ha gustado mucho Avaricia en el que Juan Eslava Galán vuelve a seguir el mismo esquema con el que ha publicado numerosísimos libros sobre divulgación: capítulos cortos autoconclusivos y trufados de fotos que escenifiquen lo narrado. En sus páginas hace un pormenorizado retrato de lo que ha sido la realidad política, institucional, religiosa y económica en España desde mediados del siglo XIX. Con un lenguaje claro y con las necesarias y muy acertadas píldoras de humor que siempre vienen bien para tragar tan amarga lectura de nuestras propias miserias como sociedad, Eslava Galán consigue que nos miremos en el espejo a la luz hiriente de nuestros defectos y que, sorprendentemente, nos riamos con ello. A destacar el epílogo en el que, saciado ya de poner el dedo en la llaga de las corruptelas de los poderosos, pasa a describir cómo todos esos políticos, reyes, empresarios y banqueros surgen de una sociedad corroída desde tiempo inmemorial por la codicia. Y es que el libro se resume en la siguiente frase: “el que no roba es porque no puede”. Y así nos va. Por último, recomiendo su lectura a quien desee disfrutar de un libro inteligente, lúcido y muy bien documentado que saca a relucir esa parte oculta de nosotros mismos que nos define mucho mas que la historia oficial, pergeñada siempre por el vencedor para tapar sus vergüenzas.

Si te ha gustado la reseña escrita no te pierdas el video de la misma en nuestro canal de YouTube

 

 

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4 comentarios en “Reseña del libro: “Avaricia” de Juan Eslava Galán

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