Reseña del libro: “Africanus. El hijo del cónsul” de Santiago Posteguillo

¡Hola bizantinos! Hoy os traigo la reseña de Africanus. El hijo del cónsul de Santiago Posteguillo. A través de sus páginas nos trasladamos al Mediterráneo occidental en el siglo II antes de nuestra Era y asistimos al inicio de uno de los grandes conflictos del Mundo Antiguo: la Segunda Guerra Púnica.

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Portada de Africanus. El hijo del cónsul de Santiago Posteguillo

En Africanus. El hijo del cónsul vemos como las heridas del anterior conflicto romano-cartaginés, lejos de cicatrizar, están a flor de piel con una Cartago que rumia la venganza en la figura de uno de sus más destacados generales púnicos: Amílcar Barca; y con una Roma que sabe que más temprano que tarde deberá suprimir la potencia fenicia de Cartago ya que el Mediterráneo occidental se empequeñece conforme el poderío de estos incipientes Imperios se consolida. Dos familias son las encargadas de darnos el pulso político de ambas ciudades-Estado: los Escipiones, llamados así por el scipio o báculo sobre el que se apoyaría uno de sus remotos antepasados y que daría nombre a la familia, en el caso de Roma y los Barca en el de Cartago. La guerra entre ambas potencias arrastra cada vez mas a los miembros de estas familias a una vorágine destructiva mutua. Aunque el lado romano al ser el vencedor y, por tanto, el que nos ha legado las fuentes del conflicto tiene mucho mas peso en la narración ya que el bando político de Cartago más debe ser imaginado por lo poco que se atisba en la novela. También somos participes de las grandes batallas de la primera fase de la guerra que tienen lugar en Iberia, Sicilia o la propia Península Itálica. Éstas desembocan en su mayoría en sonoros desastres para las armas romanas como Tesino, Trasimeno o la mas importante por su relevancia: Cannas; en la que un enorme ejercito romano es casi aniquilado por fuerzas púnicas muy inferiores, representando un monumento a la estrategia de Aníbal. Sólo al final vemos alguna victoria romana digna de llamarse así como la caída de Quart Hadasht (Cartago Nova) a manos de un jovencísimo Escipión.

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Contraportada de Africanus. El hijo del cónsul de Santiago Posteguillo

Africanus. El hijo del cónsul nos traslada a la Segunda Guerra Púnica en la cual Roma y Cartago se disputaron a ultranza el dominio del Mediterráneo occidental que, detalle no precisamente baladí, era la parte menos desarrollada y pobre de dicho mar. Este conflicto y, especialmente, la victoria romana pusieron en el mapa a la gran potencia italiana. Pero antes de estos hechos el mundo “civilizado” estaba regido por los diferentes reinos helenísticos de los diadocos (palabra griega que significa sucesor) de Alejandro III de Macedonia, conocido como el Grande (Magno en griego). En efecto, a la muerte de Alejandro Magno su gigantesco Imperio fue desmembrado y casi aniquilado en una continua guerra civil en la que su familia consanguínea y sus generales mas importantes se repartieron el poder. Así surgieron diferentes reinos helenísticos que abarcaron la casi totalidad del mundo conocido, desde la península griega hasta la India, como el Egipto Tolemaico, la Persia Seléucida o la Macedonia Antigónida. El Mediterráneo estaba claramente partido en dos: una parte Oriental desarrollada que acogía a los reinos mas antiguos y ricos dominados militar y culturalmente por los griegos; y otra parte Occidental bastante menos avanzada que se repartían algunas colonias griegas muy aisladas unas de otras y, especialmente, la Republica de Cartago. Ésta era una colonia fenicia que, fundada por los habitantes de Tiro en torno al siglo IX antes de Cristo, logró sobrevivir a la decadencia de su metrópoli. Así como coronarse, merced al buen uso de una excelente flota mercante y a un eficaz ejercito mercenario, como la reina de las costas y, mucho más relevante, de los mercados del Occidente mediterráneo. Cartago dominaba las costas del Norte de África y las islas del Mediterráneo occidental con la feraz y fastuosamente rica Sicilia a la cabeza.

Pero otra potencia occidental estaba en ciernes: la Republica de Roma que contaba con ingentes recursos humanos y el dominio de prácticamente toda la Península italiana. Ambas potencias estaban destinadas a chocar y, aunque el desconocimiento de la guerra en el mar por parte de Roma hacía presagiar un triunfo cartaginés, el primer enfrentamiento se saldó con la victoria romana. Cartago se vio expulsada de sus valiosas colonias sicilianas, se quedó sin armada y tuvo que hacer frente a cuantiosas reparaciones de guerra que mermaron bastante su poderío mercantil y naval. Y es justamente aquí donde entra en juego la familia Barca ya que Amílcar Barca, destacado general cartaginés en la Primera Guerra Púnica, juró odio eterno a Roma y levantó un Imperio colonial en la, por entonces, casi desconocida Iberia. Tal fue el poderío de esta familia Barca que, de hecho, casi constituyeron un Estado autónomo dentro de la Republica de Cartago. La conquista de Iberia a la que los romanos llamarían Hispania, nombre que gozó de mas fortuna, vino a suplir la pérdida de Sicilia y a conseguir nuevos recursos que pudieran revertir la postración económica cartaginesa y consiguieran allegar los fondos suficientes para la revancha púnica en un futurible nuevo conflicto romano-cartaginés. Acabada esta Primera Guerra Púnica vemos a Roma como potencia dominante en toda Italia, la rica Sicilia y la isla de Cerdeña; amén de contar, ahora sí, con experiencia en la guerra en el mar y con una buena armada. Ambas republicas cuentan con una estructura política homogénea ya que las decisiones en cada ciudad se toman en el Senado, constituido por los aristócratas que han decidido hacer carrera política. El gobierno último de cada Republica queda en manos de los sufetes en el lado cartaginés y de los cónsules en el romano. Éstos eran dos magistrados elegidos cada año para administrar el Estado romano, con este sistema político se pretendía acotar las ambiciones de los aristócratas dividiendo en dos el poder supremo ejercido cada año por dos nuevos cónsules, huyendo de la concentración de poder de la antigua monarquía. Mientras que la política en el lado púnico apenas está presente, la lucha de poder por los diferentes actores políticos romanos está muy bien retratada en la novela. Esto se debe a que la narración está enfocada desde el prisma romano y al hecho de que el conocimiento histórico de las Instituciones cartaginesas que nos ha llegado a través de los siglos es mucho menor.

Santiago Posteguillo nos ofrece la visión de los hechos a través de personajes pertenecientes a muy distintas clases sociales, lo cual siempre es de agradecer pues dota a la narración de detalles y matices que ayudan al lector a comprender cómo era aquella época. En el lado romano tenemos a personajes de la aristocracia como los Escipiones, un jovencísimo Catón o el siniestro Quinto Fabio Máximo; y a personajes del pueblo llano como el sorprendente Tito Macio. A través de las vivencias de este último vemos como era la precaria, violenta y generalmente miserable vida en la Roma republicana. No sólo en la ciudad, en la que sobrevive a duras penas a base de trabajos infames, sino en las legiones. El periplo militar de Tito Macio está jalonado de algunas de las derrotas más calamitosas de la historia de Roma; siendo aleccionador que Tito Macio se alista para huir de la pobreza teniendo como resultado su vuelta a la ciudad para huir, esta vez, de la durísima vida cuartelaría y de los rigores del campo de batalla. Especialmente cuando cada choque con los cartagineses se convierte automáticamente en un desastre para las legiones.

Las familias aristocráticas contienden entre ellas por dominar el Senado existiendo, ayer como hoy, personas dispuestas a todo por acaparar y mantener cada vez más cuotas de poder. El malo útil de la novela es Quinto Fabio Máximo que llega a desencadenar la guerra como maniobra política a largo plazo destinada a socavar la tradicional contención de poder republicana para, merced a la excepcionalidad del conflicto, asaltar el poder supremo sine die. Aunque, como vemos en las páginas de Africanus. El hijo del cónsul, está a punto de morir de éxito ya que las fuerzas púnicas en Italia llegan casi a disolver la Republica de Roma. Sin duda los personajes más importantes de la novela son los Escipiones. Los diferentes integrantes de esta familia son los encargados de luchar contra el ímpetu devastador de Aníbal y tratar de contener las aspiraciones políticas de Fabio Máximo. De todos ellos destaca en especial la figura de Publio Cornelio Escipión, abarcando esta novela su infancia y su primera juventud en la que ya por entonces destacó sobre manera en el firmamento militar romano. No podemos olvidarnos del inefable Cayo Lelio, militar veterano trasunto de la clase media, que depende de la amistad de un aristócrata para medrar en la milicia. Por último un casi adolescente Marco Porcio Catón, personaje de enorme trascendencia futura, se forma en insidias políticas con su retorcido maestro Quinto Fabio Máximo.

Por el lado cartaginés el gran personaje que acapara toda nuestra atención es Aníbal Barca a quien conocemos desde muy temprana edad siguiendo los pasos de su padre destinados a crear un Imperio en Iberia y acabar con Roma. Aníbal Barca tiene una visión mucho más amplia de la guerra entre su patria y Roma, entiende que no es un conflicto fronterizo más que se saldará con la pérdida de tal o cual colonia. Sabe que lo que realmente está en juego es el destino del mundo tal y como se entendía en aquella época ya que la potencia que sobreviva a la guerra, acabará conquistando a los ricos reinos helenísticos orientales que empiezan a dar muestras de decadencia. Es Aníbal un personaje de inconmensurable talla histórica cuya hazañas militares aún son objeto de estudio en academias de oficiales y por aficionados a la estrategia militar en todo el mundo. Aunque somos conscientes de toda su historia y de sus motivaciones nos cabe la duda de si semejante figura no está algo desaprovechada en la trama.

Africanus. El hijo del cónsul está publicado por Ediciones B aunque el volumen que poseo fue editado por Circulo de Lectores en 2010. Cuenta con tapa dura con sobrecubierta y con un papel de poco gramaje y aceptable calidad, conformando un volumen algo más grande de lo que dicha editorial nos tiene acostumbrados. Su apartado gráfico está muy cuidado ya que cuenta con numerosos mapas de la Península itálica, del Mediterráneo occidental, de la ciudad de Roma, así como esquemas de cómo se desarrollaron las principales batallas del periodo. Cuenta además entre sus apéndices con un agradecido Glosario de términos latinos, arboles genealógicos, listas de cónsules, así como de una completa bibliografía. Todos estos elementos vienen muy bien a la hora de sumergirnos en los hechos, ya alejados en el tiempo, de la novela y siempre son muy de agradecer. Sus 715 páginas dan cuerpo a un volumen grande aunque muy manejable por su peso (796 gramos) que se siente muy bien en la mano. Su precio, en el momento de la compra, era de 19 €.

Su autor, Santiago Posteguillo Gómez, nació en Valencia en 1967 es filólogo y lingüista, siendo en la actualidad profesor titular en la Universidad Jaime I de Castellón. Alcanzó notoria fama con el volumen hoy reseñado al que siguieron sus dos continuaciones: Las legiones malditas y La traición de Roma con gran éxito de crítica y público. Actualmente acaba de publicar el tercer volumen de otra saga de novelas ambientada en la Roma de Trajano, La legión perdida, dicha trilogía ya ha visto publicada sus dos primeras entregas: Los asesinos del emperador y Circo Máximo.

He de decir que Africanus. El hijo del cónsul de Santiago Posteguillo me ha gustado mucho ya que en sus páginas nos sumergimos en una época histórica de gran calado. La Segunda Guerra Púnica no fue sólo un enorme conflicto del Mundo Antiguo sino, de hecho, una de las primeras guerras totales de la que tenemos constancia pues todos los recursos del Estado, al menos por el lado romano, fueron destinados a vencer en la contienda. Fue sin duda un punto de inflexión en la Historia ya que el vencedor del conflicto estaría llamado a liderar un Imperio que abarcase la totalidad del Mediterráneo, englobando poco a poco a las monarquías helenísticas que lo conformaban. Cabe preguntarse cómo seríamos ahora si la victoria, siempre esquiva en sus favores, se hubiese decantado por el lado púnico: cómo serían nuestras Instituciones, nuestro Derecho, nuestra lengua e, incluso, a qué deidad adoraríamos. Todo pudo cambiar en el curso de esta guerra larga y sin cuartel. También destacan sobremanera las dos personalidades principales del relato: Escipión y Aníbal, inquietantemente similares ya que ambos luchan por la no extinción de su mundo, pierden familiares a manos del bando contrario y sus respectivas patrias acaban desconfiando de su creciente poder. Se aprecia el notable esfuerzo documental de Santiago Posteguillo a la hora de narrar cómo era la vida cotidiana en el siglo II a. C. de las personas humildes, de los aristócratas o de los militares. Así como las vicisitudes por las que atravesaba un incipiente Teatro que era visto como un divertimento griego impropio del adusto carácter romano. En definitiva, un libro bien escrito, excelentemente documentado y que narra un periodo histórico vital para comprender lo que somos a día de hoy, jalonado por esas dos cumbres militares que fueron Escipión y Aníbal. Por todo ello, recomiendo vivamente su lectura.

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4 comentarios en “Reseña del libro: “Africanus. El hijo del cónsul” de Santiago Posteguillo

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