Reseña del libro: “Lujuria” de Juan Eslava Galán

¡Hola bizantinos! Hoy os traigo la reseña de uno de los últimos libros de Juan Eslava Galán: Lujuria, dedicado al pecado capital del mismo nombre en la historia de España desde la mitad del siglo XIX hasta la muerte del general Franco en el último cuarto del XX (también podéis leer la reseña de Avaricia del mismo autor en el blog)

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Portada de Lujuria de Juan Eslava Galán

Lujuria está editado por Ediciones Destino, sello de la Editorial Planeta, siendo su primera edición (la que ha sido reseñada) de septiembre de 2015. Cuenta con doscientas cuarenta y ocho páginas de las cuales doscientas treinta y dos son cabales estando el resto dedicado a la bibliografía. La edición es rústica con solapas, su papel es de ínfima calidad y escasísimo gramaje, es la típica edición que cinco años después de su compra tiene el papel amarillento y quebradizo. Como casi todos los libros del autor cuenta con un apartado gráfico muy completo con fotos, dibujos, cartelería, publicidad, etc, de la época que ayudan al lector a comprender lo leído de una manera muy visual. Desgraciadamente todas las reproducciones son en blanco y negro y, aunque se pueden apreciar correctamente, se echa de menos aquellos cuadernillos centrales en color que tan bien cumplían su función en este tipo de ejemplares. Su peso es muy reducido (279 gramos) y tiene un buen comportamiento en la mano. Se encuentra en librerías por un precio no muy ajustado, 18 €.

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Contraportada de Lujuria de Juan Eslava Galán

Su autor es Juan Eslava Galán, escritor prolífico por antonomasia, que ha gozado de una brillante trayectoria de premios entre los que destaca el Planeta, el Ateneo de Sevilla y el Primavera 2015. Se doctoró en letras en la Universidad de Granada con una tesis sobre la poliorcética en el Reino de Jaén, siendo catedrático de Instituto hasta su jubilación. Su carrera literaria cuenta con una curiosidad ya que escribió bajo pseudónimo varias novelas de ambientación templaria con el nombre de Nicholas Wilcox. Suele escribir novelas o ensayos, de entre su producción destaco: Homo Erectus, En busca del unicornio, El catolicismo explicado a las ovejas, El mercenario de Granada, La década que nos dejó sin aliento, Historia del mundo contada para escépticos, Una historia de la Guerra Civil que no va a gustar a nadie e Historia de España contada para escépticos.

Lujuria es el primer ejemplar de una serie dedicada a los pecados capitales en nuestra historia reciente. El libro abarca desde el reinado de Isabel II en la segunda mitad del siglo XIX hasta el desnudo de la ex niña prodigio Marisol, símbolo del franquismo por excelencia, en 1976 ya finado el Régimen. El problemático tratamiento del sexo ha sido uno de los grandes lastres en la historia de España ya que, sometidos a siglos de represión, los españoles hemos creado una doble moral en la que se vive de cara a la galería. Empieza Juan Eslava Galán su libro con una frase tan certera como demoledora: España es ese apéndice atrasado, analfabeto y pobre adosado a un continente europeo que está experimentando un progreso espectacular merced a la industrialización, mientras nosotros sobrevivimos a duras penas con un agricultura incapaz de mantenernos a todos. En consecuencia con la narración, una de las materias en las que podemos hacer gala de atraso es en la sexual dado el inmenso peso de la moral católica en nuestra sociedad y el concepto de honor que subsiste de las obras de teatro del Siglo de Oro. No obstante, la sociedad hispánica se divide en estamentos que asumen la moral sexual de forma distinta: en la cúspide nos encontramos a la nobleza que, en palabras de Juan Eslava Galán, siempre hizo de su capa un sayo; en el centro tenemos ese conjunto social que podemos denominar clase media que es la que más sufre la rígida moral sexual de la época; y en el fondo están las clases bajas, las menos permeables a la influencia eclesiástica, que viven su sexualidad aparte del resto de la sociedad. Hace el autor un repaso pormenorizado de todos los estamentos, desde los gobernantes hasta la gente del pueblo llano; así, por sus páginas desfilan los monarcas borbones del XIX, sumamente problemáticos en materia sexual, con Isabel II a la cabeza. Las formidables hazañas venéreas de nuestra inagotable Isabel II son narradas con profusión de detalles, uno de los más conocidos fue cuando los cardenales sugirieron que no se debería bautizar al futuro Alfonso XII por su dudosa paternidad, a lo que el papa Pio IX, atento al rentable matrimonio Iglesia-Estado, respondió con una célebre frase que cataloga al egregio personaje: “es puta, pero piadosa”.

Asistimos al fenómeno típicamente patrio de la doble moral en la que el marido sí puede tener relaciones al margen del matrimonio mientras que la esposa ha de conformarse con regentar la casa conyugal y atender al cuidado de la prole. La férrea represión de todo lo relacionado con el sexo lleva a que gran parte de los hombres mantenga una doble vida: oficialmente son dignos padres de familia que, acabada la jornada laboral, corren al prostíbulo (los más modestos) o al coqueto pisito de la querida (los que se lo pueden permitir). El fenómeno decimonónico de la querida pasa a ser deporte nacional en los años del franquismo en el que multitud de mujeres sólo cuentan con su cuerpo para sobrevivir. Además, el hecho de mantener una querida joven y guapa tiene toques de distinción social y es motivo de orgullo al ser exhibida como si de un trofeo se tratara. Esta concepción social, asumida tácitamente por todo el mundo, se explica por el férreo machismo que divide a las mujeres en honradas y perdidas. Las honradas son aquellas con las que se debe casar el hombre honesto, serán buenas madres y sumisas esposas. Las perdidas son las féminas dedicadas al exclusivo goce de quién pueda pagar sus favores. Así, la joven española decimonónica que aspira a un buen casamiento es educada en la ignorancia hacia todo lo relacionado con el sexo y es advertida de las aviesas intenciones de su futuro prometido en el sentido de que, si rinde su honra antes de tiempo, el novio la repudiará y buscará otra más casta. En aquella época la mujer debía llegar virgen al matrimonio y procrear con asco por un estricto mandato bíblico, no fuera a ser que el marido la viera como a una perdida si gozaba de su intimidad con él. Esto sume a la sociedad en una espiral en la que, a grandes rasgos, el hombre busca fuera lo que en su casa no puede obtener y en la que la mujer ha de elegir entre ser una honesta e insatisfecha ama de casa u optar por la prostitución para salir adelante. Tema éste de extenso tratamiento en el libro y que pasó por varias épocas, en algunas se intentó su prohibición y en otras fue considerado como un inevitable mal social que protegía la honra de las mujeres honesta y servía de aliviadero a los reprimidos. Aunque esta visión cosificadora de la mujer no es precisamente única de España pues toda la segunda mitad del XIX estuvo teñida de la puritana visión victoriana, lo cual se aprecia en el consejo que daban las castas madres británicas a sus sufridas hijas ante la inminencia del temido acto sexual: “separa las piernas y piensa en Inglaterra”. No fue hasta finales del XIX y, muy especialmente, hasta después de la Gran Guerra que la mujer alcanza la independencia del hombre ya que se liberó de su papel reproductor en las fábricas que proveyeron de munición y armamento al conflicto mundial.

Cuenta Juan Eslava Galán que la época de la II Republica fue un raro entreacto en esta historia ya que ésta vino acompañada de numerosas libertades en materia sexual como una ley de divorcio, un considerable empoderamiento de la mujer que se ve liberada de los roles tradicionales, así como un relajamiento de la censura que posibilita que todo tipo de espectáculos y literatura erótica (sicalíptica se diría en la época) afloren a la superficie para escarnio y cabreo del sector eclesiástico y conservador. Pero éste entreacto en nuestra historia duró poco y con la Guerra Civil España se parte en dos: una parte republicana en la que el régimen de libertades se exacerba y una España nacional en manos del sector más tradicionalista en la que la vieja moral católica sale triunfante del conflicto patrio y el sector calavera franquista debe moderar y disimular su faceta canalla. Parte central del libro la conforma todo lo relacionado con la censura en la etapa franquista, Eslava Galán nos muestra el celo enfermizo y, a veces, ridículo con el que los censores de la Iglesia pretenden monopolizar la vida de su rebaño pese a la opinión del mismo. De esta manera los obispos dictan la moda de las señoras, los guiones de películas y obras de teatro, y la manera en que los esposos han de comportarse en la intimidad de sus gélidos hogares. La castidad monolítica de ésta etapa empieza a fracturarse con el fin de la autarquía y la apertura de España hacia la moderna Europa, factor que se ve potenciado con las riadas de guiris que todos los años vienen a torrarse en el sol de nuestras playas. Así, con el genial negocio de exportar pobres (inmigrantes) e importar ricos (turistas) el Régimen ve salvada su economía. Lamentablemente para las buenas tradiciones esto trae como desagradable consecuencia que el país se abra poco a poco a las relajadas costumbres de la permisiva Europa. En pocos años, generaciones de españoles pasan de estar bajo la vigilancia de la estricta moral católica a estar en contacto con europeos, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. Esto hace que el estricto control moral de la Iglesia sobre la población se vaya disolviendo año a año y que la revolución sexual que posibilitan los anticonceptivos encaminen a la sociedad española hacia estándares cada vez mas europeos.

Un eje vertebral de la narración es el humor con que Juan Eslava Galán acompaña los hechos expuestos. En sus libros el autor intenta meternos en la piel de aquellos que, generalmente, sufren la Historia en vez de en las rutilantes figuras que la llevan a cabo. En especial a base de chistes del momento o de anécdotas curiosas que provocan la risa en el lector aunque el hecho en su conjunto, por su crudeza, sea generalmente poco simpático. Por medio de este humor se humanizan situaciones que hoy día nos parecen inconcebibles. A destacar especialmente la anécdota en la que se nos cuenta en qué consistía “la fila de los mancos” en los cines y porqué debieron evacuar una sala de cine entre gran escándalo en cierta ocasión en un pueblo del Sur.

Me ha gustado mucho Lujuria de Juan Eslava Galán ya que refleja una porción importantísima de nuestra historia para comprender una parte tan siniestra como capital de nuestro carácter español: esa falsa y doble moral que, a veces, nos lleva a ser esclavos del qué dirán. Por sus páginas Juan Eslava Galán nos acompaña desde mediados del siglo XIX hasta el fin de la Dictadura en el que un nuevo amanecer, con ínfulas de tierra prometida, se nos promete a los españoles. Vemos desfilar por sus capítulos a reyes y reinas; nobles e industriales ricos; menesterosos que sobreviven hambreando como pueden; etc, en definitiva, un retrato de cómo éramos hasta no hace mucho. Y todo ello acompañado de un relato de represión sexual, violencia y abuso hacia la mujer a la que se le condena, según su nacimiento y suerte, a una vida frígida en la aburrida cárcel de oro del matrimonio; o a ganarse el sustento con su cuerpo mientras es joven y a la miseria cuando ya no va teniendo edad. Todo el libro está aderezado y suavizado por un excelente sentido del humor que, sabiamente administrado, sirve de bálsamo para salvar situaciones decididamente no graciosas. Juan Eslava Galán consigue en Lujuria, por medio del estudio de un pecado capital, retratarnos como sociedad y aportar luz sobre ciertas rémoras que aún arrastramos en nuestra andanza cotidiana. Por todo ello, recomiendo su lectura a todos aquellos que deseen conocer cómo fueron las generaciones precedentes a la suya y, además, gozar de una agradable lectura trufada con desternillantes situaciones que, a la vez que le quitan hierro a la narración, ayudan a entender cómo era la vida de los pobres diablos de aquél entonces.

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4 comentarios en “Reseña del libro: “Lujuria” de Juan Eslava Galán

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